La moral pública está sepultada
Toda forma violenta se debe rechazar, ahora precisemos la etimología de violencia: es terro-rismo, hambreamiento, violación, barbarie, intimidación. Matar de cualquier manera está contra el Dogma. Tan siniestro es asesinar a personas humanas en una torre, como exterminar por hambre a millones de familias en cualquier país del universo. Las dos formulas de muerte son de lesa humanidad. Es cierto que hay situaciones cuya injusticia clama al cielo. Cuando poblaciones enteras, faltas de lo necesario, viven en tal dependencia que les impide toda iniciativa y responsabilidad, lo mismo que toda posibilidad de participación digna en la vida social y política, es grande la tentación de rechazar con la violencia tan graves injurias contra la dignidad.
No debemos exponer por orgullo, ni intolerancia, menos aún por un espíritu de oposición. Sólo la voz imperiosa de la conciencia nos instruye con dolor, porque es necesario esclarecerse de las atrocidades de este proceso, que comienza ahora para el país más poderoso, pero para el resto de la humanidad hace varias décadas.
Dos son los grandes frentes de lucha: uno los pueblos indigentes, siendo las tres cuarta partes de la humanidad, nada tienen que ver con los arcanos del stablishment; el otro es la beligerancia de los "buenos" contra el terrorismo, pero los principales actores son los mismos que manejan los dos escenarios, el de los conflictos para empobrecer los estados, como el bélico actual; justificación del aumento del barril de petróleo, venta de armas, sistemas operativos de alta tecnología, inteligencia satelital para los ataques aéreos, disparar miles de mísiles, este gran negocio ¿no es subversión?; ¿o se lo debe llamar humanización científica de punta? Decía Gandhi "si aplicamos el ojo por ojo, la humanidad se quedará ciega".
El poder dictatorial es todo aquel que se funda en la suprema ley de la necesidad y toma a su voluntad, lo que a él "personalmente le conviene”. Mitre decía: "el autoritarismo puede justificarse por el interés de todos, legitimarse por la necesidad, y glorificarse por el peligro. Pero cuando los intereses económicos son los verdaderos móviles de la violencia, entonces son una usurpación injustificable por parte del que la inviste y una abdicación cobarde de quién la otorga".
Poder irresponsable es aquel que no tiene ecuanimidad ni obligación de dar cuenta a nadie de sus acciones, ni autoridad superior a él que le pueda fiscalizar. Despótico es todo poder especial establecido fuera de las condiciones del orden natural, y que, por consecuencia, no tiene ley ni regla alguna a que ajustarse. Organismos internacionales, grandes justificaciones de mentiras y diseños de alta corrupción. Cualquier presidente, primer ministro, jefe religioso o líder popular, al estar investido de estas condiciones se lo debe calificar de déspota. Y si abusa de estas facultades, de tirano.
Debemos preguntar a los gobernantes de los poderosos países, si sus pueblos dieron consentimiento real para participar de este genocidio que muestra enormes embustes tratando de justificar lo indefendible. Quieren a Afganistán, Irak y ahora aparece en escena Irán, apoderarse por la fuerza de sus reservas petroleras, gasíferas, los cultivos de opio y primordialmente probar las nuevas armas de destrucción masiva. Estos dioses terrestres son los cesares del imperio, estableciendo quién debe vivir y quién debe morir. Debemos ser cautos pero objetivos, para ellos lo importante es el mercado y no la vida. Nosotros los argentinos sabemos mejor que nadie cómo empobrecieron a nuestra patria. Ellos imponen a personajes absolutamente comprometidos, corruptos e incapaces.
La moral pública está sepultada; es necesario sacarla del sarcófago. No estamos ajenos a este proceso de confrontación. Comenzó una nueva guerra, enfrentar internamente a los países productores de alimentos para manipular el mercado como lo es el del petróleo, ¿o no ven una gran similitud como aumenta el barril sin haber motivo real?
En los anales del género humano se atravesaron difíciles situaciones. Debemos tener siempre fe y esperanza, sobre todo hoy que la soberbia, el materialismo, también el orgullo, y el despotismo nos lleva a inescrutables depresiones. Tenemos una historia dolorosa por enfrentamientos estériles.
Aprendamos de alguien que sabe mucho de esto “Ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado” (Jn.13,34). Esta es la única reflexión que puede salvar a la humanidad.
Artículo publicado en
Articulandia.Com
| Sobre el Autor: |
| Alejandro Rómulo Iaccarino |
| ExPresidente de la Misión Investigadora de la Comisión Trilateral y Fondo Monetario Internacional en América Latina. |
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