Cometería un grave error quien, convencido ya de lo vano que es intentar entregar un original a un editor, se vea tentado a probar suerte presentándose a uno de los muchísimos certámenes y concursos literarios que se convocan durante todo el año, con la idea de que así podrá alcanzar el éxito literario y, a continuación, la garantía de vivir durante el resto de su vida de su escritura. Estos concursos son promovidos o bien por la misma industria editorial que niega el acceso a la publicación a tantos escritores, o bien por las Instituciones administrativas y políticas que necesitan gastar todo el presupuesto que se les asigna para justificar su existencia y su continuidad.
Con un concurso se crea la fingida ilusión de que publicar y obtener una recompensa económica es fácil o, al menos, está al alcance de cualquiera. Es una especie de examen de ingreso a la Literatura oficial. Pero como afirma Ángel Zapata en su artículo “Los premios literarios: un enfoque” publicado en La fiera literaria, no hay premios sin castigos. Sólo hay un ganador en el concurso literario, pero el resto de participantes son castigados con la derrota, la marginación y la indiferencia, todo merced al fallo del jurado.
Seamos razonables: el concurso literario no es tampoco camino para conseguir tu digna aspiración de vivir de manera continua gracias a las obras que escribes. Optar por publicar en una editorial o ser aspirante a ganar un concurso es, al fin y al cabo, el mismo modo de buscar un lugar bajo el sol en un territorio sometido a una altísima presión demográfica.
Hay personas a las que no les importa costearse ellas mismas los gastos de la edición de su novela, de su libro de cuentos o de sus poemas, porque no persiguen más que el ser reconocidos como escritores por sus familiares, amigos y conocidos, aunque sólo sea por una vez en la vida; o esperar a que la Institución política de turno otorgue una subvención a la editorial para que ésta publique el libro. Sin embargo, no es ése el planteamiento que a ti te interesa, porque te obliga a depender demasiado de terceros. Tú tienes una vocación, quieres consagrarle lo mejor de tu tiempo y, además, de forma continuada.
Ahora bien, lo cierto es que si no tienes un contacto influyente que te introduzca en el casi inaccesible mundo editorial y que te abra las puertas necesarias, debes asumir que tienes que desarrollar tu vocación en otro territorio, con otros procedimientos. En un mundo diferente.
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Extraído del Ebook "Cómo Ganarse La Vida Escribiendo" Orientaciones para desarrollar la escritura creativa en internet de Jaime González Cordero.