Charles Darwin: un genio incomprendido
Pocos científicos en la historia de la humanidad han aportado tanto como lo ha hecho Charles Robert Darwin. Cuando se cumple el bicentenario de su nacimiento y el 150 aniversario de la publicación de su obra magna, El origen de las especies en 1859, la figura del gran naturalista inglés continua generando controversia y admiración.
El padre de la "evolución" fue un visionario, un personaje enigmático que se adelantó a su época para explicarnos el mundo que nos rodea, a sabiendas de que su teoría significaba la separación definitiva entre Ciencia y Religión. A medida que descubrimos más sobre el genoma humano, nos damos cuenta de la magnitud que supuso su aportación, para el futuro de la humanidad.
Como toda gran teoría científica, la suya comenzó con una gran pregunta. ¿Cómo y cuándo apareció la vida en la Tierra? El viaje que realizó a bordo del HMS Beagle, un buque de la marina británica entre 1831-1836, le aportó la madurez intelectual que necesitaba para sus análisis, y le permitió confirmar en la práctica lo que pensaba en teoría. A pesar de que la principal misión del Beagle era la de cartografiar las costas y los puertos de América del Sur, su nombre estará ligado para siempre a Darwin y su teoría de la evolución.
Los fósiles encontrados en la costa argentina le permitieron formular de una manera más coherente su futura teoría sobre el origen de las especies. Las observaciones que realizó sobre las tortugas gigantes y los pinzones son sólo anécdotas de un viaje que representó un antes y un después en la historia de la ciencia moderna.
La selección natural es el proceso por el cual los individuos mejor adaptados de cada especie sobreviven y se reproducen, compitiendo entre especies y contra el medio en el que viven. Los cambios lentos y acumulativos que se producen durante dicho proceso son los que pueden dar lugar a nuevas especies como afirman los biometristas, contradiciendo las conclusiones a las que llegó Mendel con sus guisantes. Para Mendel, la evolución se producía por medio de mutaciones o variaciones bruscas en los individuos.
La idea de la selección natural ya había surgido con anterioridad a la observación de los fósiles de armadillos, ñandú y de perezosos gigantes en la Pampa y en la Patagonia. Se podría decir que Darwin tuvo mucha suerte al encontrar numerosos fósiles, entre los que se encontraba, por ejemplo, el megaterio una especie de perezoso gigante extinto. La intuición de Darwin era sorprendente, ya que él no era un experto en anatomía animal. Su idea básica era que todo lo que observamos hoy en el mundo natural estaba conectado con lo demás, formando una especie de circuito cerrado que tendía al equilibrio dinámico.
Aquello de que la selección natural era la supervivencia del más apto no fue idea de Darwin, como se cree, sino del filósofo, psicólogo y sociólogo, Herbert Spencer. Esta idea fue desarrollada más tarde por la Alemania nazi y por el Darwinismo social para justificar que las potencias occidentales exterminaran, conquistaran y explotaran a otras etnias bajo el argumento de la civilización o supervivencia del más fuerte. Fue de esta manera como nació la eugenesia de la mano de Francis Galton y la consiguiente idea de la superioridad racial. Fue con este objetivo como se descubrieron el "coeficiente intelectual” (CI) y como se popularizó el "monismo" en Alemania, una teoría que se utilizó posteriormente para justificar el nazismo durante la primera mitad del siglo XX.
Para Galton, las sociedades civilizadas favorecían a través de la medicina, la beneficencia, la familia o los principios religiosos, que los "no aptos" sobrevivieran, impidiendo que la selección natural se produjese. Este tipo de ideas, aunque ahora nos puedan parecer absurdas, provocaban pánico entre las clases altas, que consideraban al "populacho" como una plaga a la que había que reducir. Dicho temor se concretó en la "Ley de pobres" de 1834, que intentaba evitar que se produjera sobrepoblación y pobreza.
El polémico autor, afirmaba que al ser más prolíficos los menos capacitados, nuestra especie seguiría una tendencia degenerativa. En esta época también se creía que las mujeres, desde el punto de vista evolutivo, tenían el cerebro menos desarrollado que los hombres, al ser su cerebro más pequeño. En esta línea de pensamiento, un personaje siniestro como Cesare Lombroso, popularizó la palabra "atavismo", que hacia referencia a las personas con aspecto simiesco. El interés que adquirieron este tipo de estudios antropológicos acabó derivando en lo que se conoce como "ciencia de la raza".
Uno de los aspectos de las ideas de Darwin que resultaban más confusos era la relación entre la evolución y la belleza. Los mejor adaptados expresan sus cualidades a través del atractivo, desde el punto de vista evolutivo, reproduciéndose en mayor cantidad y perpetuando la especie con los mejores genes. De aquí se deduce que la belleza (pavo real o ciervo) no es inútil en el mundo animal, ya que cumple un doble objetivo, atraer la atención de las hembras y demostrar su poder ante los machos de su misma especie y los depredadores. Esta idea de belleza-adaptación está muy presente en los seres humanos a través de los gustos culturales de cada época. De hecho a esta relación entre belleza y adaptación, los biólogos evolutivos la llaman "indicador honesto de la aptitud". En los seres humanos esta controvertida idea se expresa en la atracción hacia los ojos azules o hacia las pieles claras, como consecuencia del racismo.
Para Darwin, todos los hombres constituyen una única especie que se diferencia en el color de la piel, confirmando la moderna teoría de que todos descendemos de una misma Eva Mitocondrial (E.M). Como afirmaba el gran antropólogo francés Levi-Strauss, las mentes humanas tienen un origen común, por eso somos capaces de encontrar soluciones a problemas similares en diferentes partes del mundo, como lo demuestra la evolución convergente con la rueda o las pirámides.
El problema que tenemos habitualmente para comprender la evolución es qué ésta se produce de manera muy lenta, gradual, casi a ritmo geológico, para lo cual nuestra esperanza de vida, unos 80 años de media, resulta un inconveniente. Éste es el motivo por el que a este pensamiento se le llamó "gradualismo".
Es evidente que Darwin había leído el libro de Charles Lyell, Principles of Geology, en el que este autor se negaba a aceptar la idea de un Dios creador. En la actualidad sabemos que la evolución se puede acelerar en los seres que tienen un ciclo de vida corto, como ocurre con los pinzones, en función de los periodos de humedad y sequía. A este hecho se le conoce como "radiación adaptativa". Por casualidades del destino, Alfred Russel Wallace, que era más joven que Darwin, también había llegado a la misma conclusión, lo que le obligó a publicar sus ideas en 1859 en un libro titulado Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural. Una obra que con el paso del tiempo se convertiría en un libro de culto para la ciencia.
Para George Curvier las especies no evolucionaban con el tiempo, algo que le impedía explicar las extinciones en masa qua habían existido en la Tierra. En un principio Darwin llamó al proceso de adaptación "transmutación" pero esta palabra se presta a equívocos, al hacernos interpretar que una especie engendra a otra. Su teoría no habría sido posible sin la ayuda de Thomas Malthus y sus reflexiones sobre la población, Gregor Mendel y sus gigantes, Thomas Hunt Morgan y sus moscas de la fruta, Stephen Gould, Erasmus Darwin, Jean-Baptiste Lamarck, Robert Chambers, Charles Lyell, Asa Gray, Thomas Henry Huxley, entre otros.
Las ideas de Darwin han dado como resultado la aparición de libros tan importantes como El gen egoísta de Richard Dawkins (1976) o Sociobiología de E. O. Wilson (1975), El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson o La caja negra de Darwin de Michael J. Behe (1997).
Su descubrimiento significó el principio del fin de las grandes religiones como fuentes únicas del origen de la vida y de nuestro papel en el mundo. Es irónico que alguien que iba para futuro clérigo, se convirtiera en capellán del diablo, y en un icono para la ciencia moderna demostrando que la ciencia y la religión, tal y como la entendemos, no son compatibles. Darwin o la Biblia, Adán y Eva o los primates, el debate estaba servido. Las teorías de Darwin le convirtieron en el enemigo público número uno para la Iglesia anglicana, cuando poco antes, en 1853, la Royal Society de Londres le había concedido la Royal Medal por sus estudios. Por las consecuencias negativas que podría comportarle su teoría, Darwin desarrolló la mayor parte de ella en secreto, hasta la publicación de la obra en 1859.
Según la Biblia, Dios creó a los animales como si de capítulos de una historia se tratase, para compensar las extinciones, colocándolos de manera arbitraria en sus territorios. Si Dios tiene que compensar las extinciones, entonces no lo controla todo, ni siquiera su desaparición. Darwin afirmaba que todos las animales actuales descendían de antepasados comunes, de ahí sus variaciones anatómicas, mientras que para la ciencia los fósiles demuestran que las especies no son inmutables.
Darwin intuyó que la explicación de la Biblia, no era sino otra de las muchas que expresaban el origen del Universo y de los seres humanos. A pesar de todo Darwin nunca fue un ateo; fue, como mucho, agnóstico, ya que era consciente de que existían muchas preguntas que la ciencia no podía contestar. ¿Por qué se produjo el Big Bang? ¿Conocemos el Universo?
El origen de las especies puso a los teólogos en pie de guerra hasta el punto de llamar a Darwin Anticristo. Él sabía que interpretar la Biblia literalmente, como la verdadera religión, era menospreciar a todas las demás y a la inteligencia humana, ya que se trata de un texto muy ambiguo cargado de metáforas. De hecho la Biblia, como reconocen los mejores historiadores no es una fuente fiable, ya que se trata más bien de un relato histórico ficticio sobre los orígenes del mundo. Si todos somos hijos de Noé, de dónde proceden las personas con rasgos físicamente diferentes. Y lo que es más complicado, ¿cómo se podía saber que la familia de Noé era la única superviviente, si no conocían todo el mundo?
Aquello de la teología natural no era más que un intento de la Iglesia para dar una explicación del mundo según la Biblia. En el fondo se trataba de una explicación que justificara la jerarquía de la época y que evitara revoluciones y altercados sociales. El origen de las especies surgió en una sociedad victoriana que se volvía cada vez más incrédula con lo que explicaban las antiguas escrituras y la idea de un Dios creador todopoderoso, como consecuencia del avance de la clase media. Para Darwin, opinión que comparto, la religión es una necesidad primitiva ante la dificultad de comprender el mundo que nos rodea y su propia existencia. Lo cierto es que con la aparición de las religiones, se pasa de la ley del más fuerte a la ley del más listo.
No seria hasta 1906, al realizar las mediciones de la "desintegración radiactiva", cuando se confirma que la Tierra tiene unos 4.500 millones de años, y no unos 10.000 años, y que la vida se originó hace más de 3.600 millones, tiempo más que suficiente para que los seres vivos evolucionen y se adapten a los cambios de su entorno. A esta idea se sumaron los descubrimientos de Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins, con la estructura en doble hélice del ADN y el descubrimiento de "Lucy" realizado por los Leakey y Donald Johanson.
A pesar de todos los grandes descubrimientos que realizó Darwin con la tecnología de su época no podía demostrar sus teorías, ya que siempre salía a relucir el tema de los "eslabones perdidos". El problema es que la evolución se produce de manera escalonada, y no lineal como se pensaba. Resulta complicado encontrar fósiles de eslabones perdidos, principalmente porque la fosilización es un hecho extremadamente complicado y porque se trata del momento en que dichas especies tienen menos individuos.
Hoy sabemos que los científicos pueden demostrar que los pinzones de las Galápagos proceden de un ancestro común a través de su código genético como lo demostraron Arhat Abzhanov y Clift Tabin. Cuando escuchamos aquello de que tenemos unos 21.000 genes, nos invade la indiferencia, pero si a esto le añadimos que la función que desempeñan depende del tiempo que esté activado cada uno, el tema se complica aún más.
Aunque trató de eludirlo, Darwin tuvo que hacer frente al aspecto más polémico de su teoría: el hombre y sus orígenes. Para dar respuesta a este tema publicó en 1871 El origen del hombre, donde intentaba demostrar que los seres humanos estábamos emparentados con los primates. En el plano antropológico, el objetivo de los seres humanos es sobrevivir y ser felices, no ganarnos el paraíso. Su teoría provocó el inevitable choque entre evolucionistas y creacionistas, que se concretó en lo que se llamó "el juicio del mono" de 1925, en Tennessee.
Numerosas personalidades afines a la Iglesia intentaron adoptar las teorías de Darwin insinuando que los seres evolucionan dentro de un proceso controlado por el Creador que acabó originando la teoría del "diseño inteligente". En esta misma línea, Juan Pablo II, admitió en 1996 que la teoría de la evolución era algo más que una hipótesis. Con este comentario se hacia evidente que lo que se conocía como "Ciencia de la Creación" no es más que una farsa, una explicación infundada propuesta por fundamentalistas religiosos, ya que el creacionismo no es una teoría científica sino una cuestión de fe que habla del mito de la creación según la Biblia.
La religión, por más que se empeñe, no puede elaborar teorías sólo conjeturas; el problema es que el tema a vuelto a resurgir con fuerza en un país como Estados Unidos, en donde casi la mitad de su población cree que Dios existe. Mitos aparte, lo más probable es que el Diluvio Universal sólo haga referencia a un largo periodo de lluvias en la zona de la antigua Palestina.
Las sectas son la prueba, religiosamente hablando, de que la evolución existe. Se podría decir que el viaje de Darwin en busca de los orígenes del hombre terminan con el hallazgo de "Lucy", una Australopithecus Afarensis a la que los científicos consideran la madre de nuestra especie. En el fondo es mejor ser familia de un mono valiente que de un Dios que te oprime y te martiriza.
Se podría afirmar que su teoría es la mayor aportación que se ha hecho a la historia de la ciencia. Pocas veces en el transcurso de la humanidad una persona ha influido de manera tan notable en el devenir de la historia. Su figura es solo comparable a la de Einstein, Newton, Leonardo da Vinci o Humbolt.
La investigación genética, con la lectura completa de la secuencia del genoma humano en el 2003, no ha hecho más que confirmar la loca teoría que tuvo este extraño genio. A Darwin le resultaría chocante hablar del gen de la proteína BMP4 o el FOXP2. Su legado ha sido enseñarnos que la misteriosa complejidad de la vida en el Universo se puede explicar a través de las leyes naturales, y no teológicas. Unas enseñanzas que marcaron la separación entre ciencia y religión. El hombre, y no Dios, puede alterar la diversidad natural tal como se ha demostrado en laboratorios, con ratones y otras especies.
Con Darwin aprendimos que la complejidad de la vida observable en la Tierra es el resultado de un proceso de adaptación de las diferentes especies al medio ambiente en el que habitan, a la que el llamó "selección natural"; y que en la naturaleza, lo más probable es que no exista ningún diseño inteligente, como afirmaba Phillip Jhonson. No hay que pensar que la evolución tiende a la perfección en el sentido estético, sino funcional ¿Qué tiene de bello, un bisonte, una hiena o una foca? Es poco serio pensar que Dios creo el mundo en seis días.
Darwin nunca sospechó el extraordinario legado que tendrían sus ideas, tras su muerte en 1882, para el desarrollo de la humanidad, cuando el ser humano con sus virtudes y defectos es la prueba más evidente de la evolución.
Alcides Pimentel Paulino
Artículo publicado en
Articulandia.Com
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| El autor es Geografo, articulista y empresario. |
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