Descubriendo nuestra fertilidad afectiva
La procreación biológica no se puede asociar de forma indisoluble con un consecuente y sostenible ejercicio de la maternidad o de la paternidad. Aunque moralmente, esto sea en principio deseable y en la práctica, sea frecuente y hasta común.
Nuestra sabiduría popular lo sabe muy bien desde tiempos inmemoriales. En tierra venezolana es común escuchar que “padre no es quien engendra si no quien cría”
La adopción es una institución que se pierde en los orígenes de la civilización y se ha constatado que es una disposición relativamente frecuente incluso en muchas especies animales, el resguardar y acoger a las crías de otros individuos, sean o no de la misma especie.
En los seres humanos está muy claro que la libertad y la responsabilidad son un asunto de decisiones. Es decir, se puede o no, ser responsable por las propias crías. Pero lo que sí es cierto es que, quien asume como propio un hijo o propia una hija, toma un decisión que va más allá del hecho de haberlo o no procreado.
Esa decisión, esa actitud, es la llamada actitud adoptiva y es la que realmente marca la diferencia. Es esa actitud, la que verdaderamente nos hace auténticos padres y auténticas madres, la que nos convierte por propia y libre decisión, en padres y madres de una cría o de un crío, sea procreado o no biológicamente por nosotros. Es más, sin esa actitud, no hay manera de ser padres o de ser madres. Por mucho que procreemos, que concibamos, si no decidimos prohijar y asumir como propios a nuestros “hijos de corazón” o a nuestros “hijos de sangre”, nada ni nadie, podrá hacer que nos hagamos padres y madres.
Por esta razón la Madre Teresa de Calcuta, quien se consagrara con alegría a proteger y exaltar el valor de la vida por medio de la adopción, decía que todas y todos somos adoptados, porque independientemente de ser concebidos o de ser acogidos, nuestros padres y nuestras madres, son sencillamente quienes así lo decidieron, responsable y amorosamente.
Pero adoptar en términos de la ancestral institución de la adopción, consagrada desde hace miles de años en nuestras leyes, bien sabemos que involucra muchas veces moverse hacia el cambio, expandir nuestra capacidad de amar, crecer como personas a partir de esa decisión, romper paradigmas en nuestra vida personal y en nuestro entorno social.
Se trata en el caso de la adopción de hacer que ocurra dentro de nosotros, dentro de nuestro corazón, todo un maravilloso proceso. El proceso de abrirnos a la oportunidad, de tomar el riesgo, de asumir la creación, la búsqueda, llegada, bienvenida de ese hijo o hija. Es cultivar el compromiso de dar nuestro amor incondicional como padres y madres a esa personita, siempre desconocida y siempre ajena, a quien vamos a prohijar y hacer nuestro hijo o nuestra hija.
Lo más maravilloso de un proceso de adopción, ocurre en nosotros mismos. Es sentir íntimamente el reto de contactarnos con nuestra propia capacidad de amar, de entregarnos, además a un tipo de amor único e incomparable. Porque si a ver vamos, el amor de padres y de madres es, sin mayores ritos, protocolos, juramentos ni formalidades, un amor incondicional y para toda la vida. Y al mismo tiempo, paradójicamente es un amor como cualquier otro, centrado en el bien o en el bienestar del Otro, exaltando y valorando lo que ese OTRO sencillamente ES como persona.
Así, amigos y amigas lectoras, podemos ser tan fértiles, como capaces seamos de amar. Y amar, no es más que una decisión que germina y nace felizmente en nuestro corazón, abonada, con todo lo mejor que nosotros y nosotras, hombres y mujeres, recibimos a nuestra vez de nuestros padres y nuestras madres y de todas aquellas personas que, amándonos nos enseñaron acerca del amor. Porque, bien lo dice otro sabio dicho popular: “Amar se aprende amando”
Si tomamos este fascinante reto de vivir, de amar y crecer que nos plantea la adopción, nos vamos a encontrar además, que todos los niños, niñas y adolescentes tienen un prioritario, estratégico y fundamental derecho humano, como es el de vivir, crecer y criarse en el seno de SU familia. Sea esta su familia de origen, su familia sustituta o su familia adoptiva. Y que la adopción, está allí precisamente prevista legal y procedimentalmente para hacer que nuestros hijos nos encuentren.
En Venezuela, para todas y todos quienes deciden emprender la fascinante aventura de la adopción, existe desde hace nueve años, PROADOPCION Asociación Civil desde donde papás y mamás de corazón, felices y socialmente consagrados a impulsar y restablecer el derecho de todos los niños y niñas a tener SU familia, te vamos a apoyar y acompañar para que tú, sóla o tú sólo, o en pareja, puedas materializar tu proyecto de amor, de familia, de vida. Cordialmente a sus órdenes,
José Gregorio Fernández
Artículo publicado en
Articulandia.Com
| Sobre el Autor: |
| Jose Gregorio Fernandez |
| Sociólogo, especialista en proyectos sociales, papá adoptivo y director general de PROADOPCION, A.C. |
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