El Pais Vasco y la democracia representativa
En las pasadas elecciones al parlamento vasco ha vuelto a ocurrir un hecho que deja en evidencia al sistema democrático. Es inadmisible que el partido que obtenga más votos en unos comicios acabe en la oposición. La ley de partidos necesita una remodelación urgente, ya que este asunto le resta credibilidad a la democracia. No más normal, justo, lógico y razonable sería que el partido más votado sea el que elija a sus socios de gobierno, ya que si éste, habiendo ganado, acaba en la oposición, el sistema democrático podría ser considerado un fraude ante la opinión pública.
No hace falta recordar que la sociedad vasca es una sociedad compleja y particular que no debe ser analizada únicamente desde dos puntos de vista: el nacionalista y el constitucional. Políticamente hablando, no es contradictorio respetar la Constitución y el Estatuto de Gernika al mismo tiempo. Por este motivo no se entiende que los nacionalistas consideren que un pacto entre PSOE-PSE y el PP en Euskadi sea un golpe constitucional, aunque se trate de dos partidos con dos ideas muy diferentes respecto a la situación de Euskadi en el conjunto de España. En otras palabras, lo que ha dicho el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, es que un País Vasco dirigido por los socialistas con el apoyo del PP es un atentado contra la soberanía y la identidad de Euskadi. En sus palabras se esconde la polémica idea de a quién se considera vasco y a quién no. Dejando de lado esta polémica, resulta estrambótico que el PP acabe en el gobierno cuando ha perdido claramente las elecciones al pasar de los 17 escaños en el 2005, a los 13 actuales.
Sin defender las posiciones nacionalistas, resulta evidente que sus quejas parten de argumentos sólidos, si analizamos en detalle los resultados de las últimas elecciones. Si estudiamos lo ocurrido en profundidad, podemos extraer diferentes lecturas. La primera conclusión es que si sumamos todos los votos de los partidos no nacionalistas, el conocido referéndum de Ibarretxe está en la cuerda floja. A partir de las informaciones que aparecían en los medios de comunicación, daba la impresión de que el PNV, como le ocurrió a CIU en Cataluña, se centraba demasiado en la soberanía y en el referéndum, olvidándose de la crisis económica y de los problemas sociales de la mayoría de los ciudadanos vascos. Ninguno de estos dos partidos ha sabido separar las diferencias culturales de su territorio del independentismo, como reclama buena parte de la sociedad.
Para el PNV se trata de una victoria agridulce, pero con sabor a derrota, ya que son conscientes de que el sistema de pactos no les beneficia, de aquí que los nacionalistas presionen a Zapatero para forzar un pacto con el PSE. A simple vista puede parecer que el PNV ha crecido mucho al pasar de 22 a 30 escaños, sin embargo lo que ha ganado el PNV ha sido a costa del PP que ha pasado de 15 a 13, y de la desestructuración o desaparición de los partidos más radicales como el PCTV-EHAK y EB. El PNV parece estancarse, ya que ha obtenido 30 escaños, uno más que en el 2005, cuando obtuvo 29. A pesar de su victoria, el PNV no podrá reeditar el tripartito con sus socios EA y Ezker Batua (EB-IU), aún sumando los escaños de Aralar. Eusko Alkartasuna (EA) ha obtenido menos representación que el PP, lo que no se compensa con el crecimiento de Aralar, procedente de la descomposición de Batasuna en el año 2000. Conviene recordar que aunque Aralar sea un partido independentista, condena al mismo tiempo la violencia de ETA. El voto nulo que pidió la ilegalizada Demokrazia Hiru Milloi (D3M) ha perjudicado a la izquierda abertzale que ha perdido entorno a un 35% de los votos cosechados en las pasadas elecciones, ya que el voto nulo representó el 9,2%.
En un parlamento compuesto por 75 escaños, el PNV (30) tiene complicado alcanzar la mayoría absoluta situada en 38, ya que sus escaños sumados a los de Aralar (4) más los de EA (2) y IU/EB (1) suman 37.
Sin lugar a dudas, el principal beneficiado en estas elecciones ha sido el PSE que ha pasado de 18 escaños en el 2005 a los 25, todo un salto cuantitativo que nos habla de la moderación hacia la que tiende la sociedad vasca en su mayoría. Difícilmente los socialistas formarán gobierno con el PNV, porque no dejarán pasar una oportunidad histórica, y sobre todo porque esa prueba ya la hicieron en 1986 cuando el PSE tenía dos escaños más que el PNV, y fue todo un desastre político. Por este motivo, y por la perdida de Galicia, sería incomprensible que el PP y el PSOE no llegaran a un acuerdo para sacar a los nacionalistas de Ajuria Enea, a pesar de sus diferencias ideológicas. Una coalición entre PSE, PP y UPyD afectaría de manera importante a la educación, a la política antiterrorista y a la relación de Euskadi con el resto de España. A los nacionalistas les cuesta reconocer que sea el PSOE el que tenga las mejores cartas en esta partida, mientras que para los populares, se trata de la ocasión perfecta para que Mariano Rajoy demuestre con hechos, y no con palabras, el giro al centro del PP que tantos problemas le ha dado.
Es muy probable que si los no nacionalistas sean los que gobiernen, el terrorismo de ETA se incrementará al considerar los abertzales que los "nacionalistas españoles" sean quienes decidan el futuro del País Vasco. En este contexto, la vieja idea de transformar a la organización terrorista ETA en un partido político pacífico y en alcanzar más cuotas de autogobierno quedarían paralizadas, pero aumentaría el reconocimiento de una sociedad vasca no independentista y silenciosa.
Que alguien con apellido López, o Montilla en Cataluña, acabe siendo Lehendakari en el palacio de Ajuria Enea es un duro golpe a las aspiraciones nacionalistas. El problema para los nacionalistas es que matemáticamente, Patxi López puede acabar siendo el próximo lehendakari a pesar de que su partido, el PSE (25 escaños) ha quedado lejos del PNV (30 escaños) en las pasadas elecciones, si consigue el apoyo del PP(13) y de UPyD (1). El problema principal para Lopez no es ser investido, sino gobernar en minoría una vez sea lehendakari, ya que el PP no siempre le apoyará y el PNV, dolido por su salida se dedicará a ponerle obstáculos en el camino.
La democracia representativa tiene muchas virtudes, pero uno de sus defectos principales es que los pactos postelectorales modifican en muchas ocasiones la elección del pueblo, ya que a los gobiernos de los ejecutivos no los elige directamente el votante, sino las mayorías parlamentarias. Conviene no olvidar que la democracia es el gobierno del pueblo, y que el gobierno tendría que ejercerlo el partido más votado, ya que de no ser así se estaría pervirtiendo la voluntad popular.
Alcides Pimentel Paulino
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| El autor es Geografo, articulista y empresario. |
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