Directorio De Artículos - Contenido Gratis Para Blog En Español

Cuando las expectativas son el problema

     

 

  Página Inicial   Publica Tu Artículo  Contáctanos   web tracker        Síguenos en Twitter  Síguenos en Facebook
Bookmark and Share    A Favoritos     Hacer Página de Inicio            PUBLICA TU ARTICULO     PUBLICA TU EBOOK

Publicar Artículos En Español - El Directorio De Artículos En Español   

Sponsors
  • Edita Tu Ebook!
  • sponsor Ciberautores.Com
  • Articulos Gratis
  • sponsor BlogGuay.Com
    Categorías
    Arte y Humanidades
    Historia
    Fotografia
    Literatura
    Auto-Ayuda
    Ciencia
    Mundo Animal
    Astronomia
    Ciencia Social
    Lenguajes
    Arqueologia
    Antropologia
    Deportes y Recreacion
    Deportes
    Viajes y Turismo
    Autos
    Aventura
    Economia y Negocios
    B2B
    Finanzas
    Compras
    Empleo
    Educacion
    Universidades
    K-12
    A Distancia
    Entretenimiento
    Cine y Video
    TV Shows
    Musica
    Humor
    Gobierno
    Politica
    Leyes
    Impuestos
    Hogar y Jardin
    Internet & Computadoras
    Software
    Web
    Blogs
    Juegos
    Noticias
    Periodicos
    Radio
    El Tiempo
    Referencia
    Guias Telefonicas
    Diccionarios
    Dichos y Refranes
    Regional
    Paises
    Ciudades
    Sitios de Interes
    Salud y Medicina
    Enfermedades
    Medicamentos
    Nutricion
    Psicologia
    Sociedad y Cultura
    Sexualidad
    Religion
    Gastronomia


    Cuando las expectativas son el problema

    ===========================================================

    Lecturas

    409

    Autor: Adolfo Portiz
    Website:
    Autor desde:  16/2/2008 - 20:43
    Categoría: Psicologia
    Visualizado: 409 veces.
    Publícalo En Tu Blog |Versión para Imprimir | Enviar a un Amigo | A Favoritos


    Cuando las expectativas son el problema

    Parece que cuando tenemos miedo de “algo”, hacemos lo necesario para que ese “algo” ocurra. --- Héctor, un alumno que tuve en la facultad de psicología, se mostraba extremadamente nervioso cuando le tocaba en suerte pasar al frente del grupo para presentar una exposición. Por lo demás, él era un buen estudiante, concienzudo en el estudio y laborioso.

    En el pequeño grupo se desenvolvía sin dificultades, exponiendo sus ideas y asesorando a otros; mas, al quedar frente al grupo completo, sudaba copiosamente; se le veía rubicundo, después palidecía y su voz se tornaba tenue, apenas audible. Cuando llegaba a tal punto, miraba hacia el maestro, suplicando con los ojos que le librara del tormento. Era obvio que estaba bajo los efectos de una fobia.

    Cuando me percaté de lo que estaba sucediendo, al final de la clase le pedí que se quedara un momento conmigo. La charla que tuvimos fue más o menos así:

    - Héctor, ¿Qué sucede cuando pasas al frente del grupo?
    - ¡Bah!, que me traba una terrible angustia, me tiembla la voz y siento que me desmayo
    - ¿A pesar de que vienes bien preparado?
    - Si, si; el día de hoy traía muy bien estudiado el tema
    - ¿Aún cuando te llevas muy bien con tus compañeros?
    - Eso es lo que no me explico; a ellos no les tengo miedo
    - Bien, muchas gracias, te puedes retirar – me puse de pié para salir
    - ¿Cómo? – expresó desconcertado - ¿No me va a dar algún consejo?
    - No te sería de utilidad; mejor que eso, el próximo lunes volverás a presentar tu tema, ¿te parece?
    - ¡No maestro!, ¡Por favor no me haga eso!
    - Entonces no, Héctor, de cualquier forma aquí nos vemos el lunes, ¿Sale?

    El lunes siguiente se presentó visiblemente angustiado y no se tranquilizó hasta que pedí a la persona a quien tocaba explicar el tema que comenzara su trabajo. Cuando este último concluyó y regresó a su silla, pedí a Héctor que pasara al frente, lo cual hizo mostrándose descontento. Echó a andar su mecanismo de defensa e intentaba comenzar su presentación cuando lo detuve.

    - Vamos a ver Héctor, ¿Qué está pasando en este momento?
    - Pues no me parece justo que tenga que volver a exponer
    - Entiendo; te repetiré la pregunta, ¿Qué está pasando en este momento? – el grupo guardaba silencio, expectante
    - Me siento muy nervioso
    - ¿Cómo lo sabes?
    - Las manos me sudan, me tiembla la voz, siento que me falta el aire…
    - ¿Qué es lo que piensas que puede pasar?
    - Que me desmaye
    - ¿Ya antes te ha sucedido?
    - No, pero…
    - OK, ¿y si te desmayaras qué sucedería?
    - Se burlarían de mí – dijo después de reflexionar un poco – haría el ridículo
    - ¿Y si haces el ridículo y se burlan de ti, qué pasa?
    - ¡Aaah maestro!, pues me moriría de la vergüenza
    - ¿Te morirías?
    - Bueno, es un decir…
    - De acuerdo, permíteme hacer una última pregunta, ¿Cómo es hacer el ridículo?
    - Pues eso, decir tonterías, desmayarme, que me tiemble la voz como si fuera a llorar…
    - Podrías, por favor, hacer un poco el ridículo; vamos, como si estuvieras actuando un papel
    - Nnno… puedo
    - Inténtalo vamos, ¡Ay, ay, ay, que me desmayo!, vamos
    Al principio con gran timidez y luego soltándose poco a poco comenzó su actuación
    - ¡Ay, ay, maestro, que me desmayo! ¡Mire como tiemblo!
    - Vamos pues, desmáyate, déjate caer, anda
    - ¡Ay, ay… - se dejó caer simulando una convulsión y luego se quedó quieto
    - No escucho reír al grupo, necesitas esforzarte más ¿O no puedes?
    - ¡AAAAGGG! – gritó mientras hacía pucheros y toda suerte de contorsiones - ¿Qué no ven que me desmayo tarados?
    El grupo comenzó a reír de buena gana y Héctor, después de seguir con la farsa un rato, quedó tendido en el suelo, respirando tranquilamente, con los ojos abiertos y mirando al techo. Pedí a la clase que guardara silencio y pregunté a Héctor:

    - ¿Cómo estás?
    - Bieeeen… a gusto – risa general
    - ¿Qué pasó con la angustia?
    - Pues… se fue
    - ¿Hacer el ridículo fue tan malo como te imaginabas?
    - No, en realidad no
    - ¿Podrías explicar a tus compañeros qué pasó aquí?
    - Bueno – comenzó a explicar mientras se incorporaba pausadamente – no sé lo que sucedió aquí… yo quería que mis exposiciones fueran perfectas. Siempre me he preparado mucho para la clase y pensaba que podía explicar todo muy claro; pero también sabía que al pasar aquí los nervios me iban a ganar. Trataba de controlarme y creo que me iba peor.
    - Entonces, para dejar atrás el pasado, podrías hablarnos brevemente, así, de memoria, del tema que expusiste el viernes; sólo para que nos sirva de repaso.
    - Cómo no; la clase pasada les presenté el tema del retraso mental…

    El de Héctor me parece un buen ejemplo de lo que ocurre cuando nuestra angustia se alimenta de las expectativas que construimos sobre el futuro. Parece que cuando tenemos miedo de “algo”, hacemos lo necesario para que ese “algo” ocurra. A
     partir de una experiencia previa (que en algo resulta parecida), en donde las cosas fueron mal, guardamos una huella plena de emoción. En lo subsiguiente, cuando se anticipa una situación similar, la emoción se despierta y al intentar controlarla surge la angustia.

    Por cierto que la angustia se incrementa en tanto más anticipamos la consecuencia y tratamos de evitarla, sobre todo cuando las variables quedan fuera de nuestro control. Lo que intenté con Héctor – y yo lo he visto funcionar en otras ocasiones – fue la demostración de que, aún cuando sucediera lo peor, él podría seguir adelante sin mayores contratiempos.

    Hacer el ridículo parece ser insufrible para ciertas personas, o perder dinero, o quedarse solos. La posibilidad de padecer dolor físico o psicológico nos atormenta y, paradójicamente, resistimos ahora por temor al sufrimiento anunciado.
    - ¿Qué voy a hacer si me deja?
    - ¿Cómo voy a sobrevivir si me quitan el empleo?
    - ¿Qué pasará si al hacerme esos estudios resulta que tengo cáncer?

    Así, una forma de disipar – que no de controlar – la angustia, consiste en trabajar con las expectativas: ¿Y si eso sucede, qué?

    Claro que algunos presentimientos son más graves y para estos, ya se imagina, no puedo proporcionarle una fórmula mágica. Puedo, sin embargo, describir lo que según mi experiencia no es provechoso, para que deduzca lo que a usted le podría funcionar:

    No funciona pensar en otra cosa.- Si la emoción ligada a las expectativas es intensa, no le dejará distraer su atención hacia otro tema.
    No funciona buscar amarres.- A menos que todas las variables puedan ser controladas por usted, la angustia se va a despertar aunque las posibilidades de que lo temido suceda sean absurdamente pequeñas.
    No funciona pedir que le tranquilicen.- Cuando estamos angustiados quisiéramos escuchar una voz amiga que dijera: “Deja en mis manos el asunto, yo lo resuelvo”. Lo más que va a lograr es que le digan que todo va a salir bien y eso usted no lo cree, de otra forma no estaría angustiado.
    No funciona hablar de ello a cuanta persona se deje atrapar para escucharlo.- A menos que ese hablar lleve implícito el sentir abiertamente y lo intente frente a una persona capacitada que se ha ofrecido de corazón a acompañarle.

    Y puedo seguir proporcionándole una larga lista de lo que a mi juicio “no funciona”, pero no es el caso. Salvo que el asunto tome proporciones mayúsculas, que impliquen solicitar ayuda profesional, tal vez usted pudiera ensayar algunas alternativas. Por ejemplo:

    o Desde el intelecto
    Ponga a dialogar, en el presente, a esa fracción del pasado con la situación que está anticipando.
    ¿En qué se parece la situación pasada a la situación temida en el futuro?
    ¿En qué se diferencia?
    ¿Cómo salió de la situación anterior?
    ¿Podría usar los mismos o mejores recursos?
    ¿En el peor de los casos, ¿Podría prepararse materialmente para afrontar las consecuencias?

    o Desde la corporalidad
    Ubique la molestia física despertada por la angustia. Obsérvela como si una parte de usted pudiera “verla desde afuera”.
    Ahora déjela estar sin rechazarla. Sienta físicamente cuáles son sus componentes (un dolor por aquí, un temblor por allá, sudoración excesiva, sensación de vértigo, etc.).
    Quédese un momento observando qué pasa con su malestar cuando lo deja estar sin oposición voluntaria.
    Si le es posible establezca un diálogo silencioso con sus partes afectadas. Exprésele a esa parte suya que está asustada, que la respuesta de su organismo es automática y no sabe cómo evitarla; vamos, que es algo así como una crisis epiléptica anticipada con sutiles avisos. Al igual que con una de estas crisis, cuando va a presentarse requiere de un espacio y un tiempo. Cumplida su función, cualquiera que esta sea, se disipa y se resuelve con o sin medicamentos.

    o Desde el acompañamiento
    El análisis racional y la experimentación desde la visceralidad pueden potenciarse a través del diálogo, siempre y cuando consiga un interlocutor capaz de establecer con usted una relación terapéutica.
    No es cuestión de improvisar un terapeuta gratuito y a la medida, sino de compartir siguiendo algunas pautas que permitan a los dialogantes apoyarse mutuamente en el camino del crecimiento.

    Finalmente déjeme comentarle que cuando las crisis de angustia son frecuentes, se prolongan en el tiempo y ocasionan mucho sufrimiento o conductas que ponen en riesgo a la persona, tanto física como socialmente, se debe recurrir a la ayuda profesional. Generalmente con una combinación de fármacos y psicoterapia se logra un resultado muy satisfactorio.

    o Desde la espiritualidad
    Aunque tocaré el tema en otro artículo, brevemente quiero mencionar el poder de la oración para disipar la angustia.
    La angustia es la expresión de nuestro temor por algo que creemos va a ocurrir a pesar de nuestra resistencia.
    Rendirse ante lo inevitable, confiando en la providencia divina, es dejar en manos poderosas el rescate de lo que pueda ser recuperado.


    Artículo publicado en Articulandia.Com

    Sobre el Autor:
    Adolfo Portiz
    Ya cerca de los 60, Adolfo Portiz, médico, psicólogo y maestro en psicoterapia, comparte algunas de sus experiencias personales y profesionales

     
    Artículo publicado en Articulandia.Com
    Autor de este artículo: Adolfo Portiz
    Website del Autor:

    Publícalo En Tu Blog


    Bookmark and Share

    Atencion - La utilización y distribución de este artículo en otros sitios web es autorizada manteniendo sin cambios el contenido. Esto incluye enlaces activos existentes y la caja amarilla con la información del autor. Cualquier modificación inhabilita a la utilización de este material. El enlace a www.articulandia.com también debe ser mantenido intacto.

     
     

    twitter

    :- Artículos Recientes
    Maria Ferrero Roo
    Como Participar Activamente En La Educación De Nuestros Hijos
    Pablo Ortiz
    Adelgazar Sin Complicaciones: 10 Hábitos Para Quemar Grasa y Adelgazar
    Pablo Ortiz
    Adelgazar Sin Complicaciones: El Índice Glucémico y 7 Tips Para Tener En Cuenta
    Pablo Ortiz
    8 Consejos prácticos para adelgazar y quemar grasa sin complicaciones
    Pablo Ortiz
    5 Ejercicios para adelgazar el abdomen sin complicaciones
    Pablo Ortiz
    Motivación para adelgazar sin complicaciones: 4 tips que funcionan para adelgazar
    Pablo Ortiz
    Los "Top 4" Alimentos Quemadores De Grasa
    Pablo Ortiz
    5 Consejos para reducir la grasa corporal
    Pablo Ortiz
    Los mejores alimentos quemadores de grasa para adelgazar
    Pablo Ortiz
    Plan De Dieta Para Perder Grasa: Consejos útiles
    Cómo Publicar En Amazon Kindle
    ¿Dónde Puedo Publicar Mis Libros Gratis?
    Luis Castañeda
    Las 3 Preguntas Mágicas Para Seducir A Una Chica En Internet

     

    ©Copyright 2006-2016 - Todos los Derechos Reservados.

    Sitio Administrado por: Articulandia.Com

     
     

    Política de Privacidad     Articulandia.Com   ©2011

    Directorio De Artículos