Parábola sinonimo de comparación
Parábola, que en griego significa: “comparación”. En varios de los dichos y enseñanzas de Jesús, es muy obvio que siempre se asoma una parábola:
“Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre (dice Jesús) y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera REVELAR.” San Mateo 11:27.
La parábola es un símil elaborado donde el relato, aunque ficticio, es verosímil, en contraste con la fábula.
Se usan para ilustrar una enseñanza, y las aplicaciones que el oyente hace de ésta le resultaran inolvidables.
El diálogo del Maestro con sus discípulos en el pasaje descrito en el evangelio de San Mateo 13 del verso 10 al 17 es más que explicativo:
“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿por qué les hablas por parábolas? Él respondiendo, les dijo: porque a vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los Cielos; más a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene se le dará, y tendrá más; pero el que no tiene, aún lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: de oído oiréis, y no entenderéis y viendo veréis y no percibiréis. Porque el corazón se ha engrosado, y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan y se conviertan, y Yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos porque oyen. Porque de cierto os digo, porque muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.”
Desde la antigüedad y en el presente, a la mayoría nos ha sido sumamente difícil llegar a comprender los misterios de Dios.
Cuando el Mesías hablaba con las multitudes, debió expresarse de una manera simple y llana, para que las masas comprendieran las enseñanzas que les daba y al mismo tiempo nos dejaba para la posteridad. Por lo cual, sabemos de sus preceptos y mensajes a través de la parábola.
Les decía a sus amados discípulos:
“porque ha vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los Cielos; más a ellos no les es dado” (verso 11).
Ha llegado el momento de escudriñar su Santa Palabra, recibir la revelación por su medio y por el Don del saber que da el Espíritu Santo:
“Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que Él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares Celestiales sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” El Apóstol Pablo, nos lo delega en Efesios 1: 17-23.
Comprendemos que Dios, nos revela las cosas única y exclusivamente por medio de la unción que da su Santo Espíritu. Si somos creyentes en Él, tendremos la opción de clamar por entendimiento y revelación de lo escrito en su Santa Palabra, La Biblia.
Dios nos dice:
“Clama a Mi, y Yo te responderé Y TE ENSEÑARE COSAS GRANDES Y O C U L T A S QUE TU NO CONOCES.” Jeremías 33: 3.
Por medio del apóstol Pablo, a los gentiles, los cuales somos Usted y yo, nos es diciendo:
“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo (mundo) ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Más hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos de nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria. Antes bien como está escrito cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, sino las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios para que sepamos lo que Dios nos ha concedido lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas con sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espí ritu de Dios, porque para el son locura y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero el no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la Mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Más nosotros tenemos la Mente de Cristo.” 1ª. Corintios 2: 6-16.
El propósito de Jesús es revelarnos sus misterios a través de su Palabra:
“Con muchas parábolas como éstas les hablaba la Palabra, conforme a lo que podían oír.” San Marcos 5:33.
Pero los misterios, pueden percibirse solamente cuando nuestra mente, que debe ser en lo posible, semejante a la Mente de Cristo; está abierta hacia Dios.
REVELACIÓN:
Definitivamente va de la mano con el discernimiento. Revelación en griego es “Apocalipsis” lo que significa: acción y efecto de correr el velo que encubría lo desconocido.
Bíblicamente son de parte de Dios las revelaciones, como podemos ver en el libro del profeta Amós 3: 7
“Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.”
Nosotros los Cristianos Evangélicos creemos que Dios nos habla entre otras muchas formas, por revelaciones y ésta es un hecho perceptible; sus intermediarios, entiéndase: profetas y apóstoles han sido muchos a través de los tiempos. Por siempre nuestro Señor Jesús es el Revelador por excelencia.
En religiones varias se menciona a un profeta; a éste dicen se le revelo tal o cual cosa y lo que dijo, se quedó en simples palabras; no pasó nada, porque dicho profeta o Mesías murió, sin resucitar jamás. Además, a nadie se le permite que le sea revelada cosa alguna. En resumen son religiones muertas.
En la antigüedad relatada en el viejo Testamento, nos enteramos de muchas maneras co mo Dios revelaba a su pueblo, por medio de los grandes profetas como Isaías, Jeremías, Daniel y varios más.
En los libros que actualmente llamamos “históricos”, los rabinos los denominan “Los Profetas Anteriores” esto porque Jehová hablo o reveló por medio de quien Él disponía, ya que Él es Soberano. Le habló o reveló por medio de Moisés a su pueblo Israel por la naturaleza. Acuérdese de la nube, el fuego, la brisa, etc.
Las teofanías; esas grandes manifestaciones de su Divina majestad (Éxodo 19:16; 33:12 al 23).
Las Angelofanías, han sido siempre inseparables en las revelaciones. Comparándolas con la oración, son un diálogo entre Dios y los humanos.
El clímax de todas las revelaciones desde el Nuevo Pacto hasta nuestros días y por la eternidad es sin duda nuestro Señor Jesucristo el cual es al mismo tiempo su autor y objeto, como leemos en Hebreos 1:1 en adelante y en Hebreos 12:2.
Una de las mayores y porque limitarnos en decirlo; la mayor revelación de Dios a nosotros los humanos es el Cordero de Dios, la salvación de nuestras almas por gracia. Otra es la manifestación del Reino de los Cielos, predicada por el mismo Jesús en su inolvidable Sermón del monte y sinópticamente en muchas parábolas.
Él nos reveló que es el Hijo de Dios, el Mesías prometido, el Siervo de Jehová. Siendo los discípulos testigos de estas gloriosas revelaciones a las cuales creemos firmemente. ¿Usted también las cree?
Nosotros los mensajeros de su Palabra en muchas maneras, que al igual que los discípulos autorizados por Jesús, según la cita escrita con carácter irrevocable y plenipotenciario, del evangelio según San Lucas 10:16
“El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió.”
Lo ordena en Juan 20:21
“Entonces Jesús les dijo otra vez: paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también Yo os envío.”
Se nos envía fortalecidos por el Espíritu Santo de Dios a llevar revelación al mundo entero.
Por lo cual los Dones que imparte el Espíritu Santo, siguen en pie, lo que asegura en definitiva, una revelación sin interrupciones.
En la Biblia hay un sinfín de revelaciones unas tan bellas como las otras. Las parábolas de Jesús a todos los seres en todos los tiempos, son una real confirmación de ello.
Toda parábola tiene en su núcleo un mensaje, el cual se ejemplifica de la vida cotidiana para hacer la historia o lo que se desea transmitir, completamente entendible de una manera simple y sin tener que comprenderla bajo un término intelectual.
En el amor de Jesús, le pido que siga los pasos que enumero a continuación, para llegar a asimilar a la perfección, lo escrito en éste libro:
1.- Ore, a Dios Padre en el Nombre de Jesús y guiado por el Espíritu Santo de Dios.
2.- Lealas con toda su atención.
3.- Escudríñelas muy detenidamente y con espiritualidad.
4.- Medítelas.
5.- Póngalas en práctica,
6.- Regocíjese en ellas, y
7.- Compártalas con sus semejantes.
El Santo Espíritu de Dios, le ilumine siempre.
Usted está en absoluta libertad de ampliar para sus sermones, estudios o pláticas, estas muy breves aplicaciones a las respectivas parábolas escritas a lo largo de los cuatro Evangelios.
José A. Rivera M.
Autor.
Libro: "LAS PARÁBOLAS DE JESÚS: UN PARALELISMO ACTUAL" www.libroscristianosnacionsanta.es.tl www.revelacionesjeremias333.es.tl
Artículo publicado en
Articulandia.Com
| Sobre el Autor: |
| Jose Arnoldo Rivera Morales |
| Escritor autodidácta de corte Cristiano. Con seis libros publicados a la fecha. 45 años de edad, nacido en Guatemala, Centro América, con bisabuelos que emigraron desde España, Italia y México paternos y maternos. |
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