Tips para pavorreales, eruditos y sabiondos
En la sociedad actual se promueve el aprendizaje de múltiples materias y conocimientos como una forma para obtener el tan cacareado éxito profesional. Entre más demuestra una persona poseer conocimientos o ser un erudito en determinados temas, el sistema lo recompensa con mayor prestigio social y algunas veces con bienestar material.
Con frecuencia surgen nuevas escuelas y sistemas de enseñanza, y algunas destacan la ventaja de tener reconocimiento social debido al renombre de la institución o por el amparo que le concede otra que ya tiene un prestigio establecido. La mercadotecnia insistente ha dado muy buen resultado y mucha gente desea saber más sobre un amplio abanico de temas disponibles.
En realidad nada tiene de objetable que uno desee cursar una carrera, aprender una materia o desarrollar algunas habilidades específicas. Resulta viable saber desempeñar algo que le sea útil a otras personas y poder cobrar lo justo por ello. Es saludable estar actualizado, sobre todo en una sociedad tan dinámica como la contemporánea. Además el amplio universo del conocimiento humano resulta en verdad muy interesante. El aprender es parte de la experiencia del vivir.
Sin embargo cuando alguien se percibe ante sí muy lleno de todo aquello que ha acumulado en su memoria, se alimenta la autoimportancia y el adormecimiento de la conciencia. Empieza a percibirse muy grande el ego propio sin darse cuenta de que todo es parte del juego ilusorio.
En realidad los datos acumulados en la memoria no hacen a nadie mejor ni peor como ser humano. Lo trascendente es la actitud permanente ante la vida, a cada instante. Es preferible reconocer la propia ignorancia ante la magnificencia de la vida y todo lo que existe que erigirse en un pavorreal ilustrado que se pasea con arrogancia y torpeza, bajo la hipnosis de los reflectores del escaparate social o de la propia imagen de importancia.
Convertirse en un pavorreal de la sociedad resulta algo en verdad ridículo. Un sabiondo es una caricatura de sí mismo. Cuando se despierta conciencia sobre los resortes psicológicos que detonan determinados comportamientos propios, suele experimentarse una cierta vergüenza interior pues se percibe uno tal cual es, con todas sus deformidades, torpezas y monstruosidades. Queda uno al descubierto ante sí mismo, en toda su desnudez.
Entonces se vuelve al inicio, al punto en el que uno es capaz de reconocerse en los demás, pues los procesos interiores suelen ser muy similares. Las imágenes ilusorias que hemos creado acerca de nosotros mismos caen hechas pedazos como barro frágil y surge el rostro auténtico de nuestra naturaleza humana. Entonces podemos vernos de frente y cuerpo entero en el espejo de nuestros semejantes.
Acumular conocimientos puede ser útil y entretenido, además le da color a la experiencia de la vida. El reconocimiento y prestigio social pueden incluso ser disfrutables, pero lo trascendente es darse cuenta de lo que se mueve en nuestro interior. El despertar de la conciencia individual puede generar una transformación trascendental digna de vivirse.
Artículo publicado en
Articulandia.Com
| Sobre el Autor: |
| Sergio Alan Villarreal |
| Sergio Alan Villarreal nació en Guaymas, puerto ubicado en la región noroeste de México. Estudió la carrera de ciencias de la comunicación y desempeñó durante varios años labores profesionales de reportero y redactor, entre otras actividades. En el año 2008 decidió enfocar su vida al despertar de la conciencia y la espiritualidad vivencial trascendente, más allá del mundo de las creencias. Reside en la ciudad de México. |
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