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Introducción a la teoría de género.

     

 

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    Introducción a la teoría de género.

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    Autor: Jorge Luis Flores
    Website:
    Autor desde:  20/11/2008 - 09:15
    Categoría: Arte y Humanidades
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    Introducción a la teoría de género.

    RESUMEN - El presente trabajo comprende una revisión teórica y epistemológica, así como reflexiones y conceptos que resultan indispensables para comprender cómo se sucede el fenómeno de construcción de la subjetividad, como marco contextual para el estudio de las identidades tanto de la organización como de los actores organizacionales. Es objetivo de este trabajo exponer la complejidad teórica de género que coadyuve al investigador en la adecuada interpretación de sus resultados. La motivación para desarrollar este trabajo surge precisamente porque género representa un reto teórico y semántico para investigadores y estudiosos de diversas disciplinas, que no provienen precisamente de la sociología o la psicología, como es el caso del autor, que en tanto egresado de las áreas económicas y administrativas, enfrenta a la organización como campo y objetivo de estudio desde una perspectiva cualitativa.

    INTRODUCCIÓN - La noción y concepto de identidad organizacional fue adaptado de la sociología y la psicología y llevado al campo de los estudios organizacionales por Stuart Albert y David Whetten en 1985 (Hatch, 2004), a partir de la publicación del artículo “Organizational Identity” . De acuerdo a este trabajo, los autores describen la identidad organizacional como el fenómeno social que surge en el momento en que un miembro de la organización se pregunta ¿quiénes somos? Al planteamiento de Albert y Wheten es posible adicionar que también un actor organizacional puede preguntar ¿Qué es lo que queremos ser? ¿Qué pudimos haber sido? ¿Qué deseamos ser y hacer de nuestra organización? Es claro que la noción de identidad se involucra con la noción espacio temporal, y que solo puede hacer referencia a lo que es único y que distinguible entre unas y otras organizaciones, es decir, su identidad.

    La identidad organizacional es una construcción definicional del yo colectivo que sintetiza las características centrales, identificables y fortalecidas de la propia organización, a partir de las cuáles se le puede referenciar, es decir, el cómo es percibida por sus clientes, integrantes y dirigentes . En efecto, un imaginario de una realidad subjetivamente percibida y socialmente construida (Berger, 2006) pero la pregunta fundamental es: ¿Cómo se construye o se conforma este yo colectivo? Y a partir de esta pregunta ¿Es necesario estudiar las identidades individuales para alcanzar el conocimiento de la identidad organizacional? Nuestra respuesta es afirmativa y la construcción del presente trabajo obedece a esta premisa.

    Las organizaciones son entidades sociales complejas, dinámicas y únicas que constituyen el punto de encuentro de identidades diversas y múltiples, es decir, la arena en donde convergen e interactúan identidades individuales, sujetos diferenciados por una identidad que ha sido construida socialmente a partir de un proceso único de identificaciones, es decir, subjetividad. En este sentido, se considera entonces que la identidad es el resultado de constitución de la subjetividad (Serret, 2001), y para los efectos de este trabajo la identidad organizacional, además de representación que se construye en el imaginario, también debe entenderse como la síntesis de los comportamientos humanos en una organización, expresados estos en la cotidianeidad de la actividad funcional y pragmática, sin duda, uno de los campos más prolíficos en cuanto a construcción de teorías y el desarrollo de nuevos paradigmas (Hassard, 1995), pero es necesario también, explorar los fenómenos organizacionales a la luz de nuevos enfoques y perspectivas que permitan explicar de manera más amplia e integral los fenómenos organizacionales.

    Siendo así que la diversidad de enfoques y aproximaciones que han surgido, no hacen sino enfrentar a los sociólogos, a los psicólogos y a los antropólogos sociales, con los investigadores organizacionales de otras disciplinas, principalmente de las ciencias de la administración, del management y de la gestión, sin que ninguna de las partes reconozca que aún cuando existen paradigmas que pudieran parecer antagónicos, la realidad es que cada día es más evidente la necesidad de incorporar en la investigación, categorías de análisis que posibiliten una aproximación más verídica y fundamentada a la realidad organizacional. Bajo esta consideración, nuestra propuesta incide y converge con quienes han apostado por el estudio de las organizaciones a partir de sus actores.

    Tarea que supone e implica una alta complejidad en el análisis de la realidad organizacional, a partir del estudio de sus necesidades, medios y fines, metas y visiones siempre, subjetivamente percibidas por los sujetos. Concepción que descansa además sobre un doble principio: Primero, que las prácticas sociales son condicionadas por las estructuras; y, Segundo, que las estructuras organizacionales no pueden existir sino por el pragmatismo funcional. Dicotomía que deviene en ambigüedad. Ambigüedad que se materializa en una unidad de estudio indisoluble que son las organizaciones y en donde las acciones y las prácticas de los sujetos se encuentran también determinadas por las estructuras del universo en el que se desempeñan ambos: organización y sujeto.
    A partir de estas reflexiones, es de donde surge la idea y el interés por realizar este trabajo, en un intento por conciliar la lógica de las ciencias de la administración y de las teorías asociadas a la gestión organizacional y el management, con algunos aspectos relevantes de la identidad organizacional, pero a partir no de la imagen que en el imaginario colectivo se construye, sino a partir de la construcción del imaginario y de la subjetividad de los actores organizacionales, considerando a estos como los sujetos que dirigen y se desempeñan y convergen la arena organizacional. Lógica que establece como premisa la indisoluble e intrincada complejidad entre la identidad y el lenguaje. El lenguaje organizacional.

    De esta manera, sujeto y lenguaje devienen en conjunción que se concreta en individuos únicos, que enfrentarán en su cotidianeidad el incesante y creciente dinamismo de la actividad organizacional. A decir de Berger y Luckmann, el lenguaje hace “más real” las subjetividades, porque las expresa, no solo para mi interlocutor, sino también para el sujeto,… es la cualidad que tiene el lenguaje de cristalizar y estabilizar para mí, mi propia subjetividad que persiste (aunque modificada) cuando el lenguaje se separa de la situación “cara a cara”. (Berger y Luckmann, 2006, p.52) Así, si el análisis organizacional estudia “realidades”, ¿No resulta entonces relevante la inclusión de la identidad y el lenguaje como categorías para el estudio de tales realidades? Así lo han considerado diversos autores como Calás y Smircich (1992), French (1996), Knigths (1999), Lukes (1985), March (1994) y Reed (1992), y más recientemente, Daft (2004) y Jones (2000).

    Sin embargo, valdría la pena preguntar si la propia realidad organizacional trasciende los ámbitos antropológico, sociológico, psicológico, para asumirse y concretarse en los estudios organizacionales, por esta razón, para introducirnos en el estudio de la identidad, este trabajo propone iniciar este conocimiento a partir del lenguaje y desde la perspectiva de March (1994), quien señala que las organizaciones no son solamente la concreción de la creatividad y la iniciativa de empresarios, estados, gobiernos e instituciones, sino que también pueden tener su origen en la causalidad (March, 1994), es decir, en la idea de que la realidad y la historia están estructuradas por cadenas de causa – efecto, lo que les confiere su carácter coyuntural, el cuál, no puede desprenderse de criterios ciertos de intencionalidad (March, 1994), es decir, instrumentos de propósito del yo, en donde las identidades de los actores, se imponen y perviven en las acciones y las decisiones que toman, lo que confiere a las organizaciones su carácter emergente y reactivo, lo que confirma que desde Weber (1969, 1998), y Barnard (1968), hasta Chiavenato, (2000), Crozier (1988), Hofstede (1991), Presser (2000), entre otros estudiosos, han señalado que las sujetos son seres humanos profundamente diferentes entre sí, dotados de una personalidad que les es propia y única, que son además poseedores de habilidades y conocimientos, destrezas y capacidades diversas, pero que finalmente las personas, y más específicamente los actores organizaciones, deben ser percibidos “…como elementos impulsores de la organización, capaces de dotarla de la inteligencia, el talento y el aprendizaje indispensables para estimular la renovación y la competitividad constantes…” (Chiavenato, 2000, p. 4)

    De acuerdo con este planteamiento, los sujetos, en tanto actores organizacionales, están destinados al cumplimiento de los objetivos y metas que les han sido impuestos, es decir, racionalidad instrumental , en donde sus capacidades deben destinarse al éxito, el crecimiento y desarrollo de las organizaciones. En este sentido, el comportamiento y el desempeño se miden en función de lo que debe ser y lo que se espera de los dirigentes organizacionales, sin vislumbrar que se trata de capitales potenciales contenidos en entidades humanas.

    Se explica entonces la importancia de incorporar categorías de análisis que nos ayuden a comprender la complejidad de los actores organizacionales y las relaciones entre éstos. Comprender de qué manera influye el lenguaje en la construcción de las identidades, es el núcleo del presente trabajo y su objetivo, desde el punto de vista de su utilidad social, es contribuir a enriquecer el análisis organizacional.

    En este trabajo se presentan las evidencias teóricas que confirman que género y lenguaje, en tanto elementos constituyentes de la subjetividad, se encuentran anclados en las redes de significados de los sujetos, y que marcan las pautas de acción del “yo” en las prácticas de gestión de las organizaciones. (Alvesson, 1993 y 1996; Barba, 2000, Montaño, 2001) y no obstante que se trata de procesos individuales, al converger en las organizaciones vienen a conformar el imaginario que habrá de distinguir a las unidades organizacionales y de donde habrán de emanar las decisiones, las acciones y las estrategias, orientadas éstas a enfrenar un entorno dominado por las fuerzas y condiciones macroeconómicas. Pero finalmente, no podemos perder de vista que al interior de cada organización, son sujetos quienes tienen a su cargo la gestión estratégica, es decir el presente y el futuro de las organizaciones

    1. ¿ESTUDIOS POR GÉNERO O ESTUDIOS DE GÉNERO?
    En esta pregunta se concentra el principal desafío teórico y semántico de género que debe resolverse previo a la consideración de realizar estudios organizacionales con un enfoque de género o previo la incorporación de género como categoría de análisis.

    LA SEMÁNTICA DE GÉNERO
    Lamas (1995) refiere que el término gender fue impulsado desde la academia feminista anglosajón en los años 1970’s con la finalidad de dejar en claro las diferencias entre la biología y las construcciones sociales y culturales; en donde la primera era utilizada para explicar la “naturaleza” femenina y las segundas, su condición de subordinación. Había que distinguir entre sexo y género, como imperativo teórico para enfrentar el determinismo biológico bajo el cual se pretendían explicar las dualidades mujer / naturaleza; mujer / reproducción; mujer / ámbito doméstico, y sus correspondientes dicotómicas sobre las que se abundará más adelante.

    La asociación significativa y la arborescencia del vocablo género en español, nos remite primeramente a las especies, las clases, las formas de hacer las cosas, género teatral, género chico, género de punto, género musical y un largo etcétera. En cambio, en inglés, género hace referencia implícita a los sexos, lo relativo a éstos y la relación entre los mismos.

    Este problema semántico, aunado a la tendencia de sustituir en diversos trabajos y estudios la palabra “mujeres” por “género” -con la buena intención de incrementar la producción académica y literaria de los estudios de género, pero en un evidente desconocimiento de la teoría y epistemología de género- y a fin de consolidar el reconocimiento político (Scott, 1990), el uso poco riguroso de la acepción de género como teoría y perspectiva, trajo como consecuencia la proliferación de la confusión semántica, género devino en una semántica vinculada al estudio de las mujeres y de las cosas de las mujeres, su situación, historia, trabajo, familia, etc. Esta confusión semántica llevó a muchas/os a sustituir simplemente mujeres por género, obviado las diferencias teóricas y los elementos fundamentales que lo definen y que Lamas (1995), con base en el trabajo de Joan Scott (1990) sintetiza en cuatro puntos:

    En este cuadro se puede percibir que género es mucho más que una

    Género como alusión o sinónimo de sexo que exige una revisión más amplia de su conceptualización.

    2. ALGUNAS DEFINICIONES DE GÉNERO
    Género es “... un conjunto interrelacionado de estructuras sociales que definen a hombres y mujeres en términos de su papel reproductivo [...] género es mucho más que un atributo de un individuo o que una característica de una colectividad social; es el proceso activo que reduce a las personas, y concibe la vida social... (Hawkesworth, 1999,p.30)

    De esta definición se puede desprender que género se encuentra directa e íntimamente relacionado con lo que el sujeto es, en donde inciden directamente su edad, educación, formación, sexo, etc., y el papel que desempeña en un ámbito determinado e inscrito en un contexto más amplio, sea éste económico, social, político, laboral, familiar, etc., jerarquizado y estructurado por la clase, la etnia, el grupo, sector y generación de un sujeto o colectivo dominante.

    Por su parte, Scott (1990), nos dice que género tiene un carácter dialéctico y no un carácter causal , de tal manera que para la autora:
    • Género es una forma de denotar las “construcciones culturales”, la creación totalmente social de ideas sobre los roles apropiados para mujeres y hombres.
    • Género es una forma de referirse a los orígenes exclusivamente sociales de las identidades subjetivas de hombres y mujeres.
    • Género es una categoría social impuesta sobre un cuerpo sexuado.
    • Género es una útil palabra para diferenciar la práctica sexual de los roles sociales asignados a mujeres y hombres.
    • Género se ha centrado en aquellas áreas tanto estructurales como ideológicas que comprenden relaciones entre los sexos.

    Otra definición de género la encontramos en Ramos (1991) quien nos dice que es “... el conjunto de relaciones sociales que, con base en las características biológicas regula, establece y reproduce las diferencias entre hombres y mujeres...” De acuerdo a esta autora, se trata de una construcción social, de un conjunto de relaciones con intensidades específicas en tiempos y espacios diversos y desde su punto de vista, considera que la teoría de género aún se encuentra en proceso de elaboración, y uno de sus aspectos relevantes es el relacionado con el ordenamiento jerárquico, en el cual se encuentra implícito el poder, ya que legitima la subordinación, la desigualdad, la inequidad y la injusticia social.

    De acuerdo con Connell, pero vinculando género al estudio de los fenómenos sociales, Hawkesworth (1999) cita: Género es... una limitación sobre el trabajo, la organización de la actividad doméstica, la división de trabajo pagado versus el no pagado, la segregación de los mercados laborales, los patrones de producción y consumo, los niveles salariales, las oportunidades de empleo y promoción y hasta las condiciones y términos del intercambio laboral. Dentro del ámbito del poder, el género estructura la autoridad, el control y la coerción, estableciendo jerarquías en los sectores público y privado, creando un virtual monopolio masculino sobre la violencia institucional e interpersonal y promoviendo modos particulares de asimetrías domésticas y sexuales... (Hawkesworth, 1999, p. 31)

    Esta definición nos ayuda a comprender la visión que tiene Connell, dice Hawkesworth (1999), acerca de la utilidad de género para iluminar una gama de cuestiones en aquellas investigaciones que desafían los supuestos androcéntricos, pero además, la utilización de género puede dotar a la investigación de las herramientas para identificar cuestiones importantes que tienen que ver con las instituciones y las relaciones sociales, y con la identidad individual, que pueden ser investigadas dentro de culturas y subculturas particulares en momentos históricos determinados “... sin que a género, como categoría analítica, le podamos atribuir una fuerza explicativa por sí misma...” (Hawkesworth, 1999, p. 42-43), sino a la interpretación que en investigación se pueda hacer de una realidad social.

    Para la incorporación de género en cualquier investigación, no se pueden soslayar las relaciones entre individuos y organizaciones, su interacción e interrelación con el mercado, la familia y el Estado. Es decir, que el género, en tanto producto cultural, incide en todos los aspectos del quehacer humano y a cada investigador e investigadora corresponderá observar esta consideración, bajo la premisa de que las estructuras de poder y sus representaciones simbólicas en las organizaciones han transformado cambios en las identidades, dice (Martínez, 1999) y que repercute en el proceso de construcción de las estructuras simbólicas, en la cotidianeidad de los sujetos sociales y sus relaciones entre los géneros, modificando su interacción, de forma gradual, pero continua, en diferentes medidas y efectos y cuya relatividad dependerá, principalmente, de la forma en que se suceda los movimientos sociales y cambios culturales que contribuyan a la significación y resignificación de las identidades de los individuos.

    La importancia de género en el análisis de las relaciones entre los individuos, radica en la dilucidación de los roles que desempeñan y en el hecho de que nos permite comprender la organización social y sus colectivos, reconociendo además: “... que hombres y mujeres ocupan diferentes posiciones en los procesos de producción y reproducción...” (Martínez Corona, 2000, p. 36)

    3. PSICOANÁLISIS, GÉNERO Y LA DIVISIÓN SEXUAL DEL TRABAJO.
    De acuerdo con Lamas (1986, 1995) y a la descripción de Serret (2001), cuando se asignan las características de “propio” para la mujer o para el hombre, se determinó que no existía relación alguna entre las características físicas de los sexos y los trabajos que debían realizar cada uno, teniendo que aceptar la arbitrariedad de la supuestamente “natural” división del trabajo, que se había sustentado en los constructos femenino y masculino de la identidad, concluyendo por tanto que se trata de productos culturales.

    Desde la perspectiva psicológica, género es una categoría en la que se articulan tres instancias básicas:

    A. La asignación (rotulación, atribución) de género. Se realiza a partir de la apariencia externa de los genitales.
    B. La identidad de género.- Se establece más o menos a la misma edad en que el infante adquiere el leguaje (entre los dos y tres años), y es anterior a un conocimiento de la diferencia anatómica entre los sexos.
    C. El papel (rol) de género.- Se forma con el conjunto de normas y prescripciones que dicta la sociedad y la cultura sobre el comportamiento de femenino o masculino. Es importante analizar la articulación de lo biológico con lo social, o se, no negar las diferencias biológicas indudables entre mujeres y hombres; pero también hay que reconocer que lo que marca la diferencia fundamental entre los sexos es el género.

    Lo que básicamente aporta la categoría de género es una nueva manera de plantearse viejos problemas. Los interrogantes nuevos que surgen y las interpretaciones diferentes que se generan no solo ponen en cuestión muchos postulados sobre el origen de la subordinación femenina (y de sus modalidades actuales), sino que replantean la forma de entender o visualizar cuestiones fundamentales de la organización social, económica y política, como el sistema de parentesco y el matrimonio. La categoría de género nos permite sacar del terreno biológico lo que determina la diferencia entre los sexos y colocarlo en el terreno simbólico.

    Para algunos autores, la transformación de la diferencia en desigualdad se da en el terreno del parentesco; otros autores opinan que se da en la simétrica distribución de tareas y otros, en el territorio de los simbólico, especialmente en las estructuras de prestigio. Así por ejemplo Rubin (1996), en su intento por comprender y desentrañar la construcción del género en su contexto social y cultural, señala la necesidad de desentrañar la parte de la vida social que el locus (el lugar) de la opresión de las mujeres, de las minorías sexuales y de ciertos aspectos de personalidad humana en las personas, ella nombra ese lugar “el sistema sexo/género” y lo define como el conjunto de arreglos por los cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en productos de actividad humana; con estos “productos” culturales son satisfechas las necesidades sexuales. El hambre es hambre, el sexo es sexo, pero cada cultura determina que comida es la adecuada y que conducta sexual es considerada como “aceptable.

    Rubin (1996) señala que la subordinación de las mujeres es producto de las relaciones que organizan y producen la sexualidad y el género y rechaza la hipótesis de que la opresión de las mujeres se debe a cuestiones económicas, señalando que estas son secundarias y derivativas.

    La hipótesis de Ortner y Whitehead (1981), se refiere a la organización social del prestigio como aspecto que afecta más directamente las nociones culturales de género y sexualidad. Los aspectos económicos e ideológicos en una sociedad, se articulan en el sistema de prestigio.Los sistemas de prestigio son parte del orden político, económico y social. Así el parentesco, el matrimonio, hasta las relaciones de producción tienen un lugar dentro de estos sistemas de prestigio.

    Para Ortner y Whitehead (1981), el prestigio es el concepto que tiene las implicaciones más claras e inteligibles para entender las ideas de género. De ahí la importancia de los sistemas de prestigio para comprender ciertos conceptos que tienen que ver con el género, como por ejemplo, el concepto de honor. Los sistemas de prestigio están entretejidos con las construcciones culturales de género, Ortner y Whitehead (1981) afirman que un sistema de género es primero más que nada, un sistema de prestigio y que si se parte de ese punto, ciertos aspectos transculturales de las ideologías de género cobran sentido.

    Ortner y Whitehead (1981) proponen estudiar ciertos aspectos de las relaciones entre el género y otros órdenes de prestigio, analizando la relación de mutua metaforización entre las categorías de género y las usadas por el sistema de prestigio y las autoras destacan la importancia de investigar cuáles son las fuerza sociales y los elementos culturales que construyen, moldean y modifican las ideas sobre el género para así acabar con lo que parece ser el “locus” de la opresión, subordinación o como quiera llamársela, femenina: el “sistema sexo/género” que denominó Rubin (1996).

    Marta Lamas (1986, 1995) da por hecho el desmantelamiento del pensamiento biologicista –feminista y patriarcal- respecto al origen de la opresión femenina, ubicándolo en el registro “humano”, o sea, en lo simbólico.

    El análisis de la articulación entre el sistema de prestigio y el de género, pone en evidencia una importante contradicción: que aunque la estructura de la sociedad sea patriarcal y las mujeres como género esté subordinadas, los hombres y las mujeres de un mismo rango están mucho más cerca entre sí que de hombres y mujeres con otro estatus. Las diferencias de clase y etnia crean una separación, más otra separación entre mujeres, pero también entre hombres.

    Institución: UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA PUEBLA
    Domicilio: Blvd. Del Niño Poblano 2901, Unidad Territorial Atlixcáyotl
    Puebla, Puebla, C. P. 72430 tels. (222) 229 07 00 y (222) 372 30 00

    jorgeluis.flores@iberopuebla.edu.mx


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    Jorge Luis Flores
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