Discutir sanamente en pareja
Cuando hay muchas discusiones en una o varias de nuestras relaciones interpersonales, tal vez no nos estemos dando cuenta de que de algún modo estamos contribuyendo a que las interacciones resulten negativas. Sin saberlo, y a veces con las mejores intenciones, podemos estar comportándonos de un modo o bien pasivo, o bien agresivo. Evitamos comunicar lo que necesitamos por miedo al rechazo, o por el contrario, más que pedirlo, lo exigimos. Tanto una como la otra impiden que obtengamos lo que deseamos de una interacción, es decir, que nuestras necesidades sean satisfechas.
Las siguientes técnicas de asertividad permiten aumentan las probabilidades de obtener lo que necesitamos del otro. El objetivo principal es mantener una actitud respetuosa tanto hacia nosotros mismos como hacia el otro. La asertividad consta de dos pasos. Primero, identificar los objetivos personales de la interacción; luego, utilizar comportamientos que maximicen las chances de alcanzar esos objetivos.
Una vez que se han identificado los objetivos, los siguientes puntos pueden ser de utilidad:
Utilizar oraciones en primera persona para expresar deseos y necesidades (por ejemplo, “quisiera”, “me gustaría” antes que “deberías”).
Los deseos y necesidades se expresan en términos concretos (comportamientos específicos, como “quisiera que pasemos más tiempo juntos, por ejemplo, que salgamos una vez a la semana al cine” más que “quiero que no seas tan egoísta”).
Destacar las consecuencias positivas que dicho cambio traería para la relación (por ejemplo, “me sentiría mucho más contenta conmigo y con la relación si pasáramos más tiempo juntos”).
Cuando se trata de discutir una conducta problemática, la asertividad debería seguir los siguientes pasos:
Nuevamente, utilizar oraciones en primera persona respecto del comportamiento del otro (por ejemplo, “me siento fastidiada” antes que “me hacés enojar”)
Identificar el problema en términos conductuales concretos, más que en enunciados de tipo global sobre la otra persona. Por ejemplo: “me siento fastidiada cuando llegás una hora tarde y no llamás para explicar por qué” más que “sos un desconsiderado”.
Expresar las consecuencias negativas que el comportamiento problema tiene para la relación. Por ejemplo: “estaba preocupada de que algo malo te hubiese sucedido. Ver que estás bien me hace preguntarme si realmente te importo yo y nuestra relación”.
Declarar cuáles son los deseos y necesidades siguiendo los puntos del instructivo anterior. Ejemplo: “quisiera que me llames cuando llegás tarde. Cuando llamás, me estás comunicando que te preocupan mis sentimientos y respetás mi tiempo. Si lo hacés, voy a estar de buen humor cuando llegues, aunque lo hagas tarde”.
Siempre estar preparado para negociar una solución que sea confortable para ambos o pedir sugerencias de resolución alternativas.
Cómo expresarse.
Mantener la voz calmada
Pararse derecho
Mirar a los ojos.
Mantenerse concentrado en el objetivo.
No responder a los ataques
Usar la técnica del disco rayado si es necesario: repetir la propia posición hasta que la persona responda.
En caso de que la conducta haya sido asertiva y los cambios no hayan ocurrido luego de un tiempo, puede repetirse la operación. También es necesario hacer una evaluación realista de las capacidades y deseos de la otra persona para responder a las necesidades y deseos propios. Por ejemplo, la falta de recursos personales o las limitaciones del otro, o incluso deseos demasiado excesivos o inapropiados limitan la probabilidad de obtener lo que se desea. En estos casos, pueden explorarse otras vías, como por ejemplo, limitar el tiempo que se pasa con dicha persona.
A veces, la otra persona va a negarse al pedido aunque la conducta haya sido asertiva. Es importante recordar que el éxito o el fracaso no pasa por el hecho de que el interlocutor ceda ante nuestro pedido. Un resultado positivo de la asertividad es mantener el respeto tanto por uno mismo como por el otro.
Habilidades de empatía para recibir ataques.
Cuando alguien nos ataca verbalmente, los comportamientos de respuesta pueden incluir enunciados defensivos, juicios de valor, silencios con enojo, ataques o amenazas. Estas conductas tienen como consecuencia que el otro no se sienta comprendido ni respetado en la interacción. O se retrae, o vuelve a atacar, puesto que el intento de comunicación parece inútil. Esto hace muy difícil e incluso imposible obtener lo que uno desea de la interacción.
Escuchar
Escuchar cuidadosamente el sentimiento y el contenido de la comunicación de la otra persona sin interrumpir.
Mientras se escuchar, mantener una actitud abierta y de respeto incluso si se está en profundo desacuerdo con el punto de vista del interlocutor (no menazar, atacar, juzgar ni responder defensivamente). El ser cortés (ejercitando el autocontrol y la autodisciplina) y el mantenerse positivo son esenciales.
Decirle al otro lo que entendimos de su discurso
La comprensión de la comunicación del otro debería reflejarse en esfuerzos por identificar los sentimientos del otro y el contenido de la comunicación. Se pueden utilizar frases como la siguiente: “dejame ver si comprendí bien. Parece que te estás sintiendo (…) porque (…)”
Chequear inmediatamente si estamos en lo cierto: “¿es correcto?” “¿voy bien?”
Pedir aclaraciones si hay algún malentendido.
Validar el modo en que la persona se siente y cómo ve la situación
Buscar puntos de verdad en la comunicación del otro, y validar aquello con lo que acordemos sinceramente. El resto de los puntos no deben mencionarse ahora.
Si la emoción (aunque tal vez no su intensidad) guarda relación con la interpretación que el otro está haciendo de la situación (aunque la interpretación sea errónea), validar la emoción. No es momento aún de hacer mención a la intensidad de la expresión.
Una vez que el interlocutor se siente comprendido, es más fácil que se abra a escuchar los pedidos propios respecto de otras partes del problema. En este momento, se puede decir lo que se opina y siente respecto de la situación, usando las habilidades de asertividad.
Artículo publicado en
Articulandia.Com
| Sobre el Autor: |
| Lic. Ana Belen Amil |
| Lic. en Psicología (Universidad de Buenos Aires) especializada en sexología clínica (Facultad de Medicina, UBA). Psicoterapeuta cognitivo conductual, con certificación de la Asociación Argentina de Ciencias del Comportamiento. Ex concurrente del Hospital Psiquiátrico J.T. Borda y actual pasante del Servicio de Sexología del Hospital Pirovano. Ex docente de la Universidad de Buenos Aires e investigadora en neurociencias en el Instituto de Biología y Medicina Experimental. |
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