El consumismo
Hay veces en que te apetece desaparecer. Pero no al Caribe ni a Mauricio, al mundo de los desaparecidos que ya no son ni recordados. ¡Y qué tranquila estaría aquel rato! No, no tengo una depresión, me parece que la depresión conmigo pierde la cabeza. Lo que tengo es impresión, que no es moco de pavo. Hoy un compañero buscaba una chocolatina con desesperación y lo entiendo.
Yo ayer me zampé una caja de bombones enterita. De los Ferrero, porque yo lo valgo. Incluso me comí los de licor y cereza, que contribuyeron a lanzar mis ideas sobre la sociedad a lo más alto, para que luego digan que las mujeres no alcanzamos según qué cimas...Pero, pese al atracón no conseguí llenar aquel vacío que me mordía el estómago. Entonces cogí mi VISA y me lancé hacia la puerta. Llaves del coche en mano y bolso en bandolera, y me fui de tiendas. Porque hoy es hoy. Cuando era jovencita me pasaba lo mismo.
De repente, se alzaba ese vacío imperioso en mi estómago y no se llenaba de chocolate ni a tiros y, claro, necesitaba hartarlo con algo y me compraba libros. Especímenes de toda clase, según mi humor, pero siempre con buen gusto por las Letras. Hasta que un día me hice con un ejemplar de ciencias paranormales del doctor Jiménez del Oso. Al día siguiente, cuando contemplé en mi librería el lomo de aquel descarado ejemplar, ya dueña, por fin, de mí misma, y sin el Vacío pellizcando mis entrañas, me prohibí terminantemente volver a comprar libros durante esas orgías consumistas. Desde entonces me compro zapatos. Tengo montones de zapatos que no me pongo porque no me gustan al día siguiente de adquirirlos. La mayoría de las veces no entiendo cómo fui capaz de comprar semejante par. Pero lo hago, sí. Eso es VERDAD, y lo sé porque es el juego de mi vida.
Esta mañana me he despertado y he contemplado estupefacta el fruto de la juega que me corrí ayer por el Espai Gironés: un pez apático me miraba desde una pecera años 70, cuando he entrado en la cocina a prepararme el café. Me he enviado a tomar viento literalmente. Esta vez el Síndrome se ha pasado conmigo. Esta tarde, cuando he salido del trabajo me he ido a apuntar a un curso de defensa personal. A ese Vacío me lo cargo yo el mes que viene con una llave o con un puñetazo, da lo mismo.
Por la tarde me he ido a liberar al pez. Lo he dejado en el Ridaura, al pobre. La pecera la he reciclado en una maceta megamoderna para una orquídea superclásica y me ha quedado muy actual, por lo del contraste de estilos.
Pero no acaba ahí la cosa. En el maletero de mi coche, que es donde escondo las adquisiciones más vergonzosas de mis parrandas, (qué pasa, los tíos llevan una manta ¿no?), pues en el maletero de marras se desternillaban de mi cara unos patines en rosa y blanco, número 37 de la marca Decathlon Vive el Desafío. Toma castaña. Ya no me acordaba. Mi hijo que estaba ahí (siempre, en este tipo de ocasiones suele ocurrirme lo mismo, que siempre está el niño mirando flipando con su madre), pues mi hijo ha empezado a gritar: ¡Bien, ahora podrás patinar conmigo hasta el paseo de Sant Pol! Entonces es cuando un pensamiento fugaz me ha caricaturizado subida en los puñeteros patines rosa y blanco, probando el gusto del suelo justo ahora, que empiezo a estar al borde de los 40.
Me han entrado unas ganas terribles de desaparecer. ¿Será verdad lo de la crisis? La de los cuarentones, quiero decir. A mí todavía me faltan 3, pero igual es la precrisis y quiero ser Peter Pan transexual, o sea Petra Pana y no lo sé porque lo sabe el Insconsciente que, por lo visto, según mi amiga psicóloga, es el que sabe más que el Consciente, pero el muy perro se lo calla y se cachondea del pobrecito Consciente, el tío. Y es que en todas partes hay marginación, oye, digan lo que digan.
A mí me da un poco de miedo eso de la edad, de verdad. El otro día, sin más, otra amiga me contaba que a un amigo suyo, un señor muy serio y metódico, de esos que nada más verlos los identificas con un inspector de algo, sabes, pues le dio por vestirse de hippy y fumar porros. Y el hombre no había fumado en su vida y toma, su primera calada y de peta, ya ves tú.
Ya te digo que estoy un poco acongojada con el tema. A ver si me va a pasar algo...Yo no sé si esto que me sucede a mí le pasa a mucha más gente. Mis amigas más alegadas me dicen que sí. Mis amigas menos alegadas, cuando nos hemos encontrado por sorpresa en una tienda, presas del macabro Vacío, reconocen que también. Incluso mi amigo y el amigo mejor amigo de este amigo dicen que eso les ocurre a ellos también porque tienen la parte femenina muy desarrollada. Eso me consuela un poco. Jode mucho que te pasen sólo a ti las cosas raras. Lo que es seguro es que hay vida más alla de los 40: mira mi madre.
Supongo que todo esto forma parte del proceso vital, seguro. Es como una metamorfosis: de oruga a capullo, y de capullo a mariposa. Caramba, qué mal suena. Dice mi amiga, la que toca el piano, que a veces los sonidos graves parece que suenan mal, pero son los que marcan el ritmo del baile verdadero. Yo creo que mi amiga me dice estas cosas por consolarme cuando me pongo impresionable con las historias cotidianas. De todas formas, de algo sí estoy segura: estoy enganchada al consumismo y eso es sí que es más que ayer pero menos que mañana; fijo.
Artículo publicado en
Articulandia.Com
| Sobre el Autor: |
| Maria Garcia Trinidad |
| María García Trinidad es Licenciada en Filología Hispánica. Escribe narrativa breve y poesía. Trabaja de profesora de Lengua y Literatura castellana. |
|
| |
| Artículo publicado en
Articulandia.Com |
| Autor de este artículo: Maria Garcia Trinidad |
| Website del Autor: |
|
Publícalo
En Tu Blog
Atencion - La utilización y distribución de este artículo en otros sitios
web es autorizada manteniendo sin cambios el contenido. Esto incluye enlaces activos existentes y la caja amarilla con la información del autor. Cualquier modificación inhabilita a la utilización de este material. El enlace a www.articulandia.com también debe ser mantenido intacto.