Vivir ligerito es lo de hoy
La ligereza parece ser la moda de nuestros días. Ligero en grasa, ligero en azúcar, y no sólo lo vemos en la comida que nos inunda por todos lados, también lo vemos en el esfuerzo, en el pensamiento, en las apreciaciones, en nuestra manera de actuar y en nuestras relaciones también.
Cada día los avances tecnológicos nos facilitan la vida: el refrigerador, el horno de microondas, la comida enlatada, las computadoras, la información al alcance de nuestra mano mediante la Internet. Es más, cuando vamos a los lugares públicos ya no necesitamos ni siquiera forzar nuestras piernas para subir a otros pisos de los edificios, los elevadores y las escaleras eléctricas hacen todo por nosotros.
Cuando salimos a divertirnos, por ejemplo al cine, basta con comprar las palomitas a lo bestia, eso sí sin grasa y bajas en sal y nuestro refresco de gran tamaño sin azúcar para disfrutar de una película igualmente trivial, plagada de lugares comunes, y que a veces ya presentimos hasta el final. Resulta tan obvio, el desenlace que ya ni siquiera tenemos que esforzarnos por imaginar la trama…. Todo está dado para que sin esfuerzo y suavecito la pasemos bien…O cómo dirían los jóvenes cool.
De manera que cuando el entorno nos bombardea con este tipo de situaciones, y si nosotros somos un tanto producto de nuestra época, estamos viviendo entonces frente a un hombre, niño, mujer, joven, matrimonio, amistad también light.
Siendo así aquello que nos define como seres humanos también se convierte en algo ligero, ágil y muy volátil. Y vamos por el mundo caminando con personas cargadas de paquetes de bajo contenido en sus emociones, en sus pensamientos, en sus apreciaciones, en sus reflexiones y en sus acciones también. Lo superficial compone nuestra realidad interna y externa.
Considerando lo anterior, nos enfrentamos a un ser humano que le otorga un gran valor a lo pragmático. Nada permanece en el tiempo. El espíritu de la época ha sido definido como una carencia en lo sustancial, es decir, mejor nos vamos por lo material, el consumismo, el goce y el placer, la permisividad entendida como el ensanchamiento de los límites de lo posible y lo probable. Todo es relativo, las cosas son aceptables o inaceptables dependiendo de cada quién y para coronar; el medio nos bombardea a cada momento de ideas consumistas para conquistar nuestro bienestar y felicidad.
Sí somos personas que consideramos que necesitamos ir por la vida de una manera ligera, sin esfuerzo, pasivamente, entonces nuestros compromisos humanos también serán así. Y basta con ver un poco más allá, en las relaciones de pareja y de los jóvenes principalmente, los compromisos son endebles, carecen de sustento: mejor tener muchas amigas o amigos con derecho al beso, al abrazo y hasta el acostón, que tener la responsabilidad de cultivar una pareja, conocer las mieles de la intimidad y vibrar con la satisfacción de compartir con el otro, con ese otro, que yo he elegido como mi compañero o compañera en un tiempo determinado de mi vida.
Mejor no nos comprometemos y así cada quien tiene la libertad de hacer lo que quiera. Cuando tenemos la necesidad o el gusto de estar juntos, pues así de fácil nos juntamos y ya. Mañana ni de ti ni de mi me acuerdo. Los contratos vistos de esta manera se tornan frágiles, las responsabilidades se deslindan y no es necesario llegar a tener cargas ni ataduras.
Las relaciones se han vuelto prácticas y ligeras: ni tu me das más ni yo te doy menos. Estamos a mano. Ni nos obligamos ni nos esforzamos. Mejor nos disfrutamos, nos gozamos y no nos padecemos. Los vínculos se vuelven efímeros, nada nos liga pues entonces, nada absolutamente puede separarnos.
También lo vemos en nuestras formas de pensar suaves y ligeras. Ya no se piensa, más bien se tienen opiniones, lo cuál es valioso, sin embargo, la opinión es el primer escalón de un buen pensar. No es difícil ver en las escuelas de niveles académicos altos alumnos y catedráticos repetidores de teorías si bien nos va. El juicio racional se ha vuelto irracional. Los argumentos brillan por su ausencia. El discernimiento ni se diga.
Nos quedamos ahí, y vamos por el mundo creyendo que nuestra opinión es sólida, certera, y además la única con la cuál se tiene que estar de acuerdo. Ya no vamos más allá… nos quedamos en ese nivel. Las sostenemos y las soltamos en cualquier momento también las cambiamos, las desechamos, las tiramos. Las botamos como todo lo que ya no nos sirve. Evidentemente lo que es chatarra se digiere rapidito.
Traspasemos ahora el lugar de las emociones. La frialdad, la carencia de entusiasmo parecen ser una constante para el hombre de hoy. Nada le sorprende y además todo cambia tan pronto que no es necesario emocionarse ni sentirse por nada.
Así el panorama de nuestra realidad que al mismo tiempo nos alienta desde lo más superficial a la cultura del ocio, acabamos por aburrirnos de nuestra propia ligereza. Tanto en que entretenerse para aburrirse. Y surgen entonces, las adicciones para distraerse todavía más. Cuando menciono estas dependencias no me refiero solo a las sustancias, pueden ser las compras, el trabajo, la computadora, chatear, llenando el tiempo con los amigos, en los antros, el cafecito en lugares ruidosos y llenos de estímulos visuales y auditivos que incitan más a la distracción que a la reflexión y convivencia.
El apetito por consumir lo que sea. El que no lo hace esta fuera de onda. No tiene necesidad de logro. El éxito se convierte en la posibilidad de tener más dinero para consumir más. Más comida chatarra, más entretenimiento, más, más, más… porque nada llena, nada entonces es suficiente.
Sin embargo, hoy más que nunca el hombre se encuentra muy distraído, muy aburrido, sobre estimulado, lleno de cosas y sin ningún sustento interno. El hombre que vive en la cultura de lo light está más desamparado que nunca. Su entereza y fortaleza interna no encuentran un lugar en donde cimentarse porque su interior no está conforme, lo que lo social y el afuera le ofrece solo es capaz de darle sustento al momento, pero no a la existencia.
Vivir la vida de una manera liviana tiene sus costos, nos distraemos de nosotros mismos en todo momento. Le tememos al sufrimiento y al dolor…preferimos la colitis, la úlcera, la gastritis o la hipertensión como formas más llevaderas de comprender la vida, encontramos el sentido mediante los síntomas que desarrollamos. Lo que me duele es el estómago, el colon o el corazón, gastamos fortunas en medicamentos que de ninguna manera nos permiten curarnos, solo a ratitos sentimos mejoría, pero de nuevo la repetición del malestar impone límites a nuestra ligera existencia.
Comprender que la circunstancia humana no se encuentra ligada sólo a lo desechable sino a lo perdurable, es una manera de aprovechar las ventajas de vivir en ésta época, pero sin olvidar que el resto de nuestra vida necesita sentido, propósito y rumbo.
En estos tiempos y ya muchos autores lo han apuntado vivimos con un gran vacío existencial. Plagados de estrés y de padecimientos psicosomáticos que nos preocupan pero que no nos ocupamos por cultivar nuestro bienestar interno. Por el contrario, vivimos creyendo que la solución es lo de afuera.
Cuando ese afuera sólo es capaz de responder de manera efímera a nuestras necesidades verdaderamente humanas, nos sentimos desolados, sin rumbo, huecos, y sin poder atinar darle un verdadero sentido a nuestra existencia.
El vacío se experimenta como depresión, duda, ansiedad por no contar con la brújula que nos permita encauzar nuestras vidas de manera humana. Somos incapaces de detenernos por un momento a tratar de comprender qué es aquello que nuestra angustia, estrés o depresión nos quieren decir…
Vernos internamente y darnos cuenta de nuestras circunstancias y situación es más amenazante aún. Y la desechamos mejor….como arrojamos cualquier envase chatarra…el precio que pagamos por nuestra inconsciencia parece ser muy alto. Para poder tener una existencia es necesario traspasar los caminos de la trivialidad y repensarnos para edificar una vida con sustento. Qué clase de existencia le gustaría a usted el de la ligereza, la chatarra o una vida de calidad, de usted depende.
Algunos de los temas tratados en esta columna pueden afectar sus apreciaciones personales, si es así escríbame y si no también…
Gracias por leerme, mi misión e intención es la calidad de vida emocional…
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Artículo publicado en
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| Sobre el Autor: |
| Ana Giorgana |
| Soy Ana Giorgana soy psicóloga clínica y tengo varias especialidades en Psicoanálisis y dos especialidades más. Practico la docencia para la formación de terapeutas. Participo en diversos programas de radio, periódico y TV. Cuento con un centro de Desarrollo Humano, en el que trabajamos al máximo para explotar las fortalezas de los individuos, parejas y comunidades educativas... Además de que somos una empresa socialmente responsable en la que también nos ocupamos de programas comunitarios para mujeres de escasos recursos. Mi misión es la salud y calidad de vida emocional. Damos cursos y talleres en cualquier lugar del planeta. |
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