En mi trabajo como pintor que escribe (es más exacta esta autocalificación) he practicado siempre la escritura de humor , procurando que este humor fuera inteligente, es decir comprensivo con una realidad que frecuentemente se ve sobrepasada por la ficción. También he procurado hacer literatura y no chistes por buenos que éstos pudieran ser.
Escribí acerca de mis orígenes sociales y familiares en un momento y una época de este pais en el que había que presentar los originales para su censura con la fortuna de pasar tal examen con un aprobado a regañadientes.
Tras la muerte del dictador puse en pie , en Madrid, un lugar en el que fuera posible llevar a cabo diversas actividades relacionadas con el arte, con el entretenimiento crítico e inteligente y con los encuentros entre diversas generaciones de madrileños. Tal lugar permanece en la memoria de mucha gente, incluso en la de quienes nunca lo frecuentaron.
Al comprobar con satisfacción este hecho, un cuarto de siglo después de la desaparición de esta “taberna culta” como la denominaron algunos, escribí un libro-cuaderno, profusamente ilustrado, que relataba su breve existencia en clave de descubrimiento arqueológico lo que me proporcionó la idea de continuar con estas exploraciones tan reales como ficticias, tan gráficas como literarias.
Convencido de que en este mundo globalizado era posible todavía contar la historia de un insólito descubrimiento arqueológico y antropológico, descubrir un lugar ignoto allende los mares conocidos y los contientes explorados y explotados, escribí la aventura del descubrimiento de una civilización perdida cuya cultura, arte y organización social sostenible, mostré en diversos museos nacionales con todos sus elementos y objetos recuperados.
Como no puedo escribir sin dibujar ni dibujar sin escribir, todas mis publicaciones participan de ambos modos de expresión que presentan muchas coincidencias en su proceso de creación.
Con otro descubrimiento como fue el de las editoriales on line, pensé que era más fácil, con este novedoso procedimiento, sacar del cajón alguno de los originales que siempre esperan en tal lugar el santo advenimiento de una nueva oportunidad.
Asombrado, sorprendido e indignado por una realidad chata, en exceso obediente y políticamente correcta, cuando no corrupta, contemplo cómo en este país nuestro se degrada la vida de los ciudadanos con una velocidad cada vez mayor.
Cómo los representantes de dichos ciudadanos no tienen el menor inconveniente en traicionar su mandato con oscuras prácticas del más descarado nepotismo. Cómo los representantes de los representantes tampoco lo tienen al incluír a muchos encausados, sospechosos y corruptos en sus listas electorales. Cómo los causantes del descalabro económico se acaban beneficiando del mismo.
Ante esta situación caben diversas actitudes. La mía ha sido la de sacar del cajón al que me refería antes, un original en el que se escribe y se dibuja acerca de dos colectivos de gran tradición, los gángsters, no siempre de Chicago (Illinois) y las falleras no necesariamente de Valencia (España).
“Gángsters & Falleras” que así he titulado este último intento de ironizar sobre la vida, la cultura, el arte y la gente, recoge los diversos momentos, históricos o cotidianos, en los que estos dos colectivos entran en contacto y se relatan aquí en breves episodios ilustrados.
Estos dos grupos humanos, cuyas coincidencias en tiempos y lugares se describen en este libro-documento, entremezclan y comparten sus vidas y sus viajes, sus frenéticas pasiones o su ordenada vida de familia.
La noticia gráfica y literaria de este contubernio supone en el lector un imprescindible sentido del humor que, al igual que el sentido común, son menos habituales de lo que sería idóneo.
El título, y espero que su contenido en clave de humor surrealista, es premonitorio de unas relaciones impensadas hasta que la realidad ha superado con creces a la ficción.
También se pone de manifiesto la fealdad, la desproporción y la iniquidad de lo que nos rodea. Y esta noticia ha podido ver la luz muy recientemente gracias a la existencia de este nuevo invento cibernético que son las editoriales on line.
El futuro ya ha llegado, esperemos que sea mejor que el presente.
Enrique Cavestany “ Enrius”